Alfredo es efusivo y amoroso. Es correcto y caballero. Alfredo dice cosas que yo no diría: 'encantado', 'besitos, cuídate', 'qué gusto verte', 'cómo está tu hijo?', 'siempre puedes contar conmigo'. Alfredo es alegre, no feliz. Alfredo no es feliz pero no lo sabe.
Alfredo no se enoja, ni se emputece, ni se chorea, Alfredo se molesta o se indigna. Alfredo no fuma, no bebe, no come doritos ni duerme después de las 11 de la noche. Alfredo debe cuidarse por su hipertensión.
Alfredo camina aceleradamente y comparte todo. Alfredo trabaja continuamente y renuncia a todo. Yo no renuncio a Alfredo. Alfredo se pone de pie, sonríe y abraza cuando llega alguien. Se sienta en su escritorio y escribe rápidamente, tal como habla, escribe disléxicamente, idem. Alfredo tiene muletillas para escribir: en la mañana de ayer, se llevo a cado (sin tilde y es disléxico), por su parte..., concluyó, repite ideas, no tiene hilo, no tiene mucha coherencia, pone comillas y negrillas donde no corresponde. Sin embargo, a Alfredo le gusta escribir. Yo no renuncio a Alfredo.
Alfredo ama a todos y a él todos lo aman: la Gobernadora, la Herminda Quezada, el de la inspección del trabajo, el del Daem y la Provincial de Educación, el Jhon Reid... etc.
Alfredo es de una familia culta y de artistas: padre psicólogo, madre profesora, tía actriz de TVN, primos en el extranjero. Alfredo estudió e hizo clases en la Universidad de Chile. Las peripecias de la vida lo hicieron caer en desgracia, como en la tragedia griega, y actualmente trabaja en el diario. Alfredo es diseñador, o algo así. Vivió en Estados Unidos y ha viajado por casi todo Europa y América. Tiene una camioneta tipo UDI y una casa de campo magnífica, con piscina, con perros, con bosque. Ahora, con polola(o).
Alfredo tiene polola pero eso a nadie le consta.
Alfredo tiene muerte, una muerte pesada. A alfredo no le faltan los brazos, le fantan los pies.
Alfredo dejará de verme y eso lo siente en el alma. 'Somos un fabuloso equipo'. Alfredo no es periodista y no lo parece ni lo quiere ser. Se asemeja más a un reportero sin mayor conocimiento. Pero yo no renuncio a Alfredo.
Alfredo, falta esto; Alfredo, falta esto otro; Alfredo, dame pan; Alfredo, me haces un café?; Alfredo, son 300 mil o 300 millones?; Alfredo, estás seguro que la mujer del vox se llama Cianura? ...
Alfredo Felipe (felipealfred) Cada vez cuesta más ser feliz en la vida ¿Por qué será?
Alfredo parece que descubrió que los secretos lo tienen empachado.
Alfredo cuida su imagen e higiene. Siempre está impecable, pero los calcetines no alcanzan a cubrir el talón de Aquiles.
Alfredo sabe mucho, procesa muy poco, no vive en una burbuja, cree que la vida es cruel, pero linda, cree que la gente es mala, hostil y grosera, pero hay quienes valen la pena conocer.
Alfredo cree que el amor es capaz de cambiar al mundo.
Alfredo cree en muchas cosas y tiene un rosario en su camioneta.
...mil años después, cuando otros gatos desordenan mis noches de locura
25 febrero 2009
24 febrero 2009
Todo lo contrario
...
"Macho de mierda. Mierda de macho". El nick causó polémica, igual que "Ponme la mano aquí, Macorina", donde algunos entendieron 'Maricona'.
"Macho de mierda. Mierda de macho". Luis sepúlveda ganó el premio Primavera de Novelas. O Novelas de primavera. O Novelas florales... algo por ahí. No ganó sólo eso. Ganó 200 mil euros, equivalente a 250 mil dólares. Equivalente a 200 millones de pesos chilenos. ¡Qué triunfazo, qué golazo! y Ni siquiera se fue a penales, como Linaritos unido que jamás será vencido. Mich!
"Macho de mierda. Mierda de macho". No soy feminista, todo lo contrario ----> No soy machista, todo lo contrario. No soy feminista ni machista. Todo lo contrario.
"Macho de mierda. Mierda de macho". latercera.com me censuró el comentario porque llevaban estas sutiles palabras. Latercera.com cesura las groserías. Yo soy grosera. "Resentida y grosera". Era sólo una cita del escritor mediático del momento (no más leído, no valorado, no triunfador, sólo mediático). Una cita que quizás ni él recuerda y que yo he memorizado al igual que "Basta con llenar el vaso sin derramar el vino"; al igual que "instituto comercial antorcha eterna, que acoges a una ansiosa juventud...", al igual que "yo no dije ni sí ni no, sino todo lo contrario".
"Macho de mierda. Mierda de macho". No estoy resentida, no estoy enojada en medio de tu borrachera. Sí soy grosera. No soy resentida ni enojona. Todo lo contrario.
"Macho de mierda. Mierda de macho. Te veré triunfar porque vas a triunfar. Es tu condena. Luego, no sabrás nada más de mí y podrás quedarte a solas con tu instinto, lo único que tienes...
Me voy y no te dejo nada, ni siquiera la soledad que tan afanosamente buscas...
Te dejo y no te darás cuenta de aquello. Seré una asusencia más y, como estás tan lleno de ausencias, no percibirás la mía". ("Formas de ver el mar" - Desencuentros- Luis Sepúlveda).
...
"Macho de mierda. Mierda de macho". El nick causó polémica, igual que "Ponme la mano aquí, Macorina", donde algunos entendieron 'Maricona'.
"Macho de mierda. Mierda de macho". Luis sepúlveda ganó el premio Primavera de Novelas. O Novelas de primavera. O Novelas florales... algo por ahí. No ganó sólo eso. Ganó 200 mil euros, equivalente a 250 mil dólares. Equivalente a 200 millones de pesos chilenos. ¡Qué triunfazo, qué golazo! y Ni siquiera se fue a penales, como Linaritos unido que jamás será vencido. Mich!
"Macho de mierda. Mierda de macho". No soy feminista, todo lo contrario ----> No soy machista, todo lo contrario. No soy feminista ni machista. Todo lo contrario.
"Macho de mierda. Mierda de macho". latercera.com me censuró el comentario porque llevaban estas sutiles palabras. Latercera.com cesura las groserías. Yo soy grosera. "Resentida y grosera". Era sólo una cita del escritor mediático del momento (no más leído, no valorado, no triunfador, sólo mediático). Una cita que quizás ni él recuerda y que yo he memorizado al igual que "Basta con llenar el vaso sin derramar el vino"; al igual que "instituto comercial antorcha eterna, que acoges a una ansiosa juventud...", al igual que "yo no dije ni sí ni no, sino todo lo contrario".
"Macho de mierda. Mierda de macho". No estoy resentida, no estoy enojada en medio de tu borrachera. Sí soy grosera. No soy resentida ni enojona. Todo lo contrario.
"Macho de mierda. Mierda de macho. Te veré triunfar porque vas a triunfar. Es tu condena. Luego, no sabrás nada más de mí y podrás quedarte a solas con tu instinto, lo único que tienes...
Me voy y no te dejo nada, ni siquiera la soledad que tan afanosamente buscas...
Te dejo y no te darás cuenta de aquello. Seré una asusencia más y, como estás tan lleno de ausencias, no percibirás la mía". ("Formas de ver el mar" - Desencuentros- Luis Sepúlveda).
...
19 febrero 2009
Doctor...
- Doctor ¿Y se puede morir?
- Está delicado. Existe un 35% de posibilidades de que no sobreviva.
- ¿Y qué se puede hacer para que eso no ocurra, doctor?
- Hay que esperar como va evolucionando.
- ¿Evolucionando a qué, doctor?
- No sé. No sé de lo que hablo. No sé lo que me preguntas, muchacha de ojos llorosos.
…
- Hace un rato había un 35% de posibilidades de que muriera, doctor ¿Qué pasa ahora?
- Digamos que ese porcentaje aumentó a un 50%
- Doctor, por favor haga algo para que no muera.
- No sé qué hacer. No sé que se hace. No sé de qué me hablas, muchacha del rostro duro.
…
- Doctor ¿qué pasa ahora?
- Está todo muy complicado. Tu hermano no sobrevivirá.
- Está bromeando, doctor.
- Tiene muchos daños neurológicos.
- ¿Y eso qué, doctor?
- No sé. No sé qué es eso, algo significará. No sé qué quieres saber, muchacha de los ojos hinchados.
…
- Doctor…
- Se le hizo esto, hicimos esto otro, operamos lo de allá y lo de más acá también. El cerebro, el cráneo, el ‘paño’, la cabeza, los doctores, las máquinas, los millones, ISP, Mutual, ASCH. Falleció en el momento en que le sacamos… la operación fue un éxito, estamos contentos, satisfechos, con el pequeño detalle que tu hermano no sobrevivió.
- Doctor…
- Ya no sé qué más decir. No sé lo que hicimos. ¡No me preguntes nada! Pero murió esa persona de la camilla 5 que operamos a las 17:55 horas y para lo que tuve que interrumpir mi teleserie favorita. No sé qué quieres, no sé qué necesitas saber, no sé qué harás ahora, muchacha de la mirada perdida, muchacha los labios mordidos, muchacha de los brazos arañados, muchacha destruida, muchacha inconsolable, muchacha que lloras mientras escribes. Murió tu hermano, era sólo un paciente más. Te quedaste sin un brazo, era sólo un brazo más. Se te secó el alma, era sólo un alma más. Qué quieres que haga yo.
- Está delicado. Existe un 35% de posibilidades de que no sobreviva.
- ¿Y qué se puede hacer para que eso no ocurra, doctor?
- Hay que esperar como va evolucionando.
- ¿Evolucionando a qué, doctor?
- No sé. No sé de lo que hablo. No sé lo que me preguntas, muchacha de ojos llorosos.
…
- Hace un rato había un 35% de posibilidades de que muriera, doctor ¿Qué pasa ahora?
- Digamos que ese porcentaje aumentó a un 50%
- Doctor, por favor haga algo para que no muera.
- No sé qué hacer. No sé que se hace. No sé de qué me hablas, muchacha del rostro duro.
…
- Doctor ¿qué pasa ahora?
- Está todo muy complicado. Tu hermano no sobrevivirá.
- Está bromeando, doctor.
- Tiene muchos daños neurológicos.
- ¿Y eso qué, doctor?
- No sé. No sé qué es eso, algo significará. No sé qué quieres saber, muchacha de los ojos hinchados.
…
- Doctor…
- Se le hizo esto, hicimos esto otro, operamos lo de allá y lo de más acá también. El cerebro, el cráneo, el ‘paño’, la cabeza, los doctores, las máquinas, los millones, ISP, Mutual, ASCH. Falleció en el momento en que le sacamos… la operación fue un éxito, estamos contentos, satisfechos, con el pequeño detalle que tu hermano no sobrevivió.
- Doctor…
- Ya no sé qué más decir. No sé lo que hicimos. ¡No me preguntes nada! Pero murió esa persona de la camilla 5 que operamos a las 17:55 horas y para lo que tuve que interrumpir mi teleserie favorita. No sé qué quieres, no sé qué necesitas saber, no sé qué harás ahora, muchacha de la mirada perdida, muchacha los labios mordidos, muchacha de los brazos arañados, muchacha destruida, muchacha inconsolable, muchacha que lloras mientras escribes. Murió tu hermano, era sólo un paciente más. Te quedaste sin un brazo, era sólo un brazo más. Se te secó el alma, era sólo un alma más. Qué quieres que haga yo.
17 febrero 2009
Hipotextos (o algo similar)
Mándame una postal, cuídate, pórtate bien, escríbeme un mail, te quiero. Y sonó entre tú y yo el silbato del tren*. ¿Puedo correr al lado del tren mientras avanza?* Sólo sonreiste con más ganas de sonreír que con pena, con más ganas de marcharte que de quedarte. El tren partió, yo me quedé parado(a) en la estación, tú tomaste un taxi y te fuiste al terminal de buses.
Pasaron los días y no supe si llegaste a tu lugar de destino o te dormiste por el camino, pasaron los meses y no recibí ningún mail, menos postal, pasó un año y no supe si te cuidaste o si te portaste bien. Pienso que tu olvido es un descuido de mi pasión*, que yo debería escribirte, que yo debería cuidarte.
Llegó el verano y nos encontramos en el supermercado por mera casualidad, por destino o armonía cósmica. ¿Y dios? Eeee. La gracia de dios me causa gracia*. ¿Juntémosno en la Alameda? Ese motel es muy mala clase. Siempre nos juntamos ahí. No importa ¿y tu casa? Bien, vamos a mi casa. Ese verano nos vimos tres veces, la última vez me dejaste en una esquina de la plaza y te fuiste a cuidar unos perros. Pude ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo(a)*, pero no dije nada, sólo me bajé y ambos aprovechamos luz verde, yo para cruzar, tú para doblar. ¡Me atropellaste, hijo(a) de puta!. ¿Estás bien? Algo. Ya, mañana hablamos.
No volvió a llamar. Tú juegas a olvidarme, yo juego a que te creas que me importa*.
A las dos semanas nos encontramos en MSN. ¿Estás acá? No, acá. ¿Ya te fuiste? Sí, me vine. ¿Porqué no me avisaste? Es que me parecía un poco penoso. ¿Quieres decir patético? Algo por el estilo. Eres bien maricón(a). Ordinario(a)*. Saco'e pelotas. Uh, qué enojado(a). Maricón(a), weón(a), puto(a), conchetumadre, maraco(a), maldito(a), malnacido(a), malparido(a), hijo(a) de puta, ¡¡Mala persona, mala persona!!* Ya, ya, corta la webada, nos veremos el próximo año ¿o.k? ¡Con vos ni a la esquina! Bueno, entonces iré para la vacaciones de invierno ¿o.k? ¡Con vos ni a la esquina! Entonces ándate a la mierda ¿o.k? Eso es lo que quiero*, pero con vos ni a la esquina!
* Con la frente marchita, Joaquín Sabina
* Pregunta que hace Lisa Simpson al profe suplente cuando se va.
* Besos con sal, Joaquín Sabina.
* Conversación por MSN con Carlos Valdez.
* A orillas de la chimenea, Joaquín Sabina.
* Y no me importa nada, Rocío Dúrcal.
* Calificativo que solía usar un amigo(a)
* Sexo con Amor, cuando el apoderado putea desde el auto a la profesora.
* http://masielzagal.blogspot.com/2009/01/dilogo-no-casual.html
Pasaron los días y no supe si llegaste a tu lugar de destino o te dormiste por el camino, pasaron los meses y no recibí ningún mail, menos postal, pasó un año y no supe si te cuidaste o si te portaste bien. Pienso que tu olvido es un descuido de mi pasión*, que yo debería escribirte, que yo debería cuidarte.
Llegó el verano y nos encontramos en el supermercado por mera casualidad, por destino o armonía cósmica. ¿Y dios? Eeee. La gracia de dios me causa gracia*. ¿Juntémosno en la Alameda? Ese motel es muy mala clase. Siempre nos juntamos ahí. No importa ¿y tu casa? Bien, vamos a mi casa. Ese verano nos vimos tres veces, la última vez me dejaste en una esquina de la plaza y te fuiste a cuidar unos perros. Pude ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo(a)*, pero no dije nada, sólo me bajé y ambos aprovechamos luz verde, yo para cruzar, tú para doblar. ¡Me atropellaste, hijo(a) de puta!. ¿Estás bien? Algo. Ya, mañana hablamos.
No volvió a llamar. Tú juegas a olvidarme, yo juego a que te creas que me importa*.
A las dos semanas nos encontramos en MSN. ¿Estás acá? No, acá. ¿Ya te fuiste? Sí, me vine. ¿Porqué no me avisaste? Es que me parecía un poco penoso. ¿Quieres decir patético? Algo por el estilo. Eres bien maricón(a). Ordinario(a)*. Saco'e pelotas. Uh, qué enojado(a). Maricón(a), weón(a), puto(a), conchetumadre, maraco(a), maldito(a), malnacido(a), malparido(a), hijo(a) de puta, ¡¡Mala persona, mala persona!!* Ya, ya, corta la webada, nos veremos el próximo año ¿o.k? ¡Con vos ni a la esquina! Bueno, entonces iré para la vacaciones de invierno ¿o.k? ¡Con vos ni a la esquina! Entonces ándate a la mierda ¿o.k? Eso es lo que quiero*, pero con vos ni a la esquina!
* Con la frente marchita, Joaquín Sabina
* Pregunta que hace Lisa Simpson al profe suplente cuando se va.
* Besos con sal, Joaquín Sabina.
* Conversación por MSN con Carlos Valdez.
* A orillas de la chimenea, Joaquín Sabina.
* Y no me importa nada, Rocío Dúrcal.
* Calificativo que solía usar un amigo(a)
* Sexo con Amor, cuando el apoderado putea desde el auto a la profesora.
* http://masielzagal.blogspot.com/2009/01/dilogo-no-casual.html
12 febrero 2009
El weón se asusta
El weón se asusta por lo que hice, y no sólo por eso, sino porque además tenga el atrevimiento de contárselo, de decirle tan suelta de cuerpo que fui a mi fotolog, muerto por lo demás, saqué cada uno de sus posteos y los archivé en un documento word en alguno de mis tres pentdrive. El weón se asusta y me tira signos de interrogación. Yo me río.
El weón se asusta porque quedamos de juntarnos a las 8,30 y yo llego a las 8,31. Él llega a las 8,57, 4 minutos antes de que empiece el concierto, que debería inciciarse a las 9 pero nunca comienza a la hora. El weón se asusta por tanta obseción. Yo me enojo.
El weón se asusta porque coloco en mi nick 'Pónme la mano aquí, Macorina' (alguien entendió Maricona) y piensa que quizás en qué ando. Claro, no sabe de esa Macorina cubana de los años 20 con su auto rojo. No sabe de la Chavela Vargas, así como como yo no sé de esos grupos que llevan H intermedia. El weón se asusta porque me gusta la Chavela Vargas. Yo cambio el nick.
El weón se asusta porque sé de su vida tanto como él, pero sin embargo, mirándolo de afuera, puedo percibir más cosas. Se asusta porque sé de la mina del aborto, porque sé de la otra que lo quería y que juraba que 'hacían el amor', porque sé de la engañada que lo engañó y de la pendeja que lo dejó; porque conozco las profesiones de sus padres y ambos apellidos de su madre; porque me sé el nombre y la sala-cuna de su hijo y porque lo llamé el lunes en la mañana para decirle que quería salir el sábado en la noche con él. El weón se asusta porque jura que estoy enamorada. Yo me froto las manos y pienso en el libro.
El weon se asusta porque cuando nos juntamos por casualidad en el servicentro, él comprando chelas y yo cigarros, le dije que tenía otro planes. Que me estaban esperando en la plaza (no me acuerdo si era cierto). El weon se asusta porque le di la cortá, dijo. Yo dije que él pagaba y me fui.
El weon se asusta porque escribo y digo cosas raras, porque nada cuadra con esa 'mujer-pendeja' que conoció por chat, porque nada cuadra con la religión de mis viejos ni con mis seudos creencias filosóficas. El weón me dijo 'mejor lo dejamos para después'. Yo me asusto.
El weón se asusta porque quedamos de juntarnos a las 8,30 y yo llego a las 8,31. Él llega a las 8,57, 4 minutos antes de que empiece el concierto, que debería inciciarse a las 9 pero nunca comienza a la hora. El weón se asusta por tanta obseción. Yo me enojo.
El weón se asusta porque coloco en mi nick 'Pónme la mano aquí, Macorina' (alguien entendió Maricona) y piensa que quizás en qué ando. Claro, no sabe de esa Macorina cubana de los años 20 con su auto rojo. No sabe de la Chavela Vargas, así como como yo no sé de esos grupos que llevan H intermedia. El weón se asusta porque me gusta la Chavela Vargas. Yo cambio el nick.
El weón se asusta porque sé de su vida tanto como él, pero sin embargo, mirándolo de afuera, puedo percibir más cosas. Se asusta porque sé de la mina del aborto, porque sé de la otra que lo quería y que juraba que 'hacían el amor', porque sé de la engañada que lo engañó y de la pendeja que lo dejó; porque conozco las profesiones de sus padres y ambos apellidos de su madre; porque me sé el nombre y la sala-cuna de su hijo y porque lo llamé el lunes en la mañana para decirle que quería salir el sábado en la noche con él. El weón se asusta porque jura que estoy enamorada. Yo me froto las manos y pienso en el libro.
El weon se asusta porque cuando nos juntamos por casualidad en el servicentro, él comprando chelas y yo cigarros, le dije que tenía otro planes. Que me estaban esperando en la plaza (no me acuerdo si era cierto). El weon se asusta porque le di la cortá, dijo. Yo dije que él pagaba y me fui.
El weon se asusta porque escribo y digo cosas raras, porque nada cuadra con esa 'mujer-pendeja' que conoció por chat, porque nada cuadra con la religión de mis viejos ni con mis seudos creencias filosóficas. El weón me dijo 'mejor lo dejamos para después'. Yo me asusto.
10 febrero 2009
Buscándome bajo el colchón
- Y tú? ¿Qué estás haciendo?
- Búscándome bajo el colchón. O pegado en la pared. O en algún lugar. Mirando la vida enmarcada.
- Tú te lo pasas buscando cosas. Búscate entre tus uñas. Quizás durante mucho tiempo te tuviste entre las manos y te escurriste entre tus dedos. Algo debe quedar entre tus uñas.
- ¿Y en las tuyas? ¿Quedará algo de mí?
- Sólo ratros de tu carne o del sudor de tu espalda.
- Búscándome bajo el colchón. O pegado en la pared. O en algún lugar. Mirando la vida enmarcada.
- Tú te lo pasas buscando cosas. Búscate entre tus uñas. Quizás durante mucho tiempo te tuviste entre las manos y te escurriste entre tus dedos. Algo debe quedar entre tus uñas.
- ¿Y en las tuyas? ¿Quedará algo de mí?
- Sólo ratros de tu carne o del sudor de tu espalda.
05 febrero 2009
Gustándome
Me gusta, entre tantas otras cosas, tomarme un sorbo de agua y guardármelo por algunos minutos en la boca. Hacer nadar mi lengua y quitarle un poco de veneno. Me lo trago.
Me gusta leer los comentarios que escriben las personas en la latercera.com, algunos agudos, otros sabios, otros muy huevones, otros hincha pelotas no más. Comentan la noticia, pero en la mayoría de los casos se pelean unos con otros, todos buscando fundamentos claros e indiscutibles, todos rebuscan palabras que ojalá alguien no entienda, todos quieren y creen saber de política y constituciones. Me gusta leerlos detenidamente, me divierte ver discutir a personas que no se conocen. Me inspiran para los editoriales, casi siempre.
Me gusta abrir a cada rato la ventana de msn mientras trabajo, para ver quién ha ingresado y quién se fue. He llegado a tener como máximo 17 contactos conectados (con redundacia y todo), en promedio son 8 - 9 -10. Me gusta leer sus nick y, en algunos casos, memorizarlos. Por ejemplo contento porque me fue biennnn, es mentira, no creo que le haya ido bien en nada. Es que él es muy mentiroso y siempre escribe cosas tontas y siempre se hace la víctima y siempre cree que a todos les importa lo que le pasa y siempre miente. Ya lo dije. A la muerte se le mira a la frente con valor y luego se le invita a tomar una copa, bien, muy buena la cita de Allan Poe, pero sonaría mejor en alguien que no conociera la muerte tan de cerca, en ella sabe como a 'compadézcanme'. Vida de Piedras /Anónimo/, nada que decir, siempre ha sido anónimo, siempre ha tenido vida de piedras, o las ha admirado. Donde las calles no tienen nombres, me suena a mis 16 años, pero lo ilógico siempre tiene un buen sentido, aunque sólo es una canción de U2, dijo. Solteros... Kiero un completo grande, sólo quiere que le pregunten porqué están solteros y luego contestar 'no quiero hablar de eso, es un tema complicado, me da verguenza, fui tan tonta'... y bla-bla. En la Libertadores, no le he preguntado -aunque quizás espera que lo haga- pero presiento que tiene algún programa de fútbol en alguna radio que se llama Libertadores. Fabiola Isabel (que capasidad tiene una persona para resistir la adversidad), simplemente Fabiola Isabel, para qué más; he querido decirle que capacidad es con c y ese qué debería llevar tilde, pero me da flojera. María Cecilia (Dónde estará mi primavera), simplemente María Cecilia (la tía cecy) que sigue buscando su primavera sin ver el verano que tiene encima. Aunque no te vea sé que estás ahí y he leído algunas cosas más cursis. Qué más, qué más... lo dejo así por el momento. Ah! Mis favoritos: Kién dijo que la U no ponía huevos? y ¿¿¿Por qué el pollito cruzó la calle???, me gustan porque me muero de curiosidad al saber qué los llevó a poner eso, pero no les pregunto para no enterarme, simplemente.
Me gusta ver a Lagos Weber bailar cueca.
Me gusta, de repente, ver El Heraldo y cachar que no sacan ni la mitad de noticias locales que nosotros. Pero también me gusta cuando nos golpean con alguna noticia (aunque no saben titular de manera sensacionalista), porque me provoca adrenalina.
Me gusta la previa en todo sentido. Me gusta el calor y el frío de la previa, en sus respectivos sentidos. Me gusta sentir esas ganas de más, en ambos sentidos. Me gusta ese hormigueo que baja y el otro que sube, en sus respectivos sentidos. Me gusta cuando ya se ha calmado el 'hambre' o la sed, en sus respectivos sentidos. Ahora, si ambos sentidos son en una misma ocasión, mejor todavía.
¿Qué más me gusta?
Cuando de la nada se me ocurre una palabra como para empezar a escribir algo que de a poco me irá provocando pequeños orgasmos. Como, por ejemplo 'Me gusta'; 'Y quién iba a pensar que lo iba a ver así'; 'La cara seca, el sueño fruncido', 'No fue por eso que llegué a esa hora'....
Me gusta leer los comentarios que escriben las personas en la latercera.com, algunos agudos, otros sabios, otros muy huevones, otros hincha pelotas no más. Comentan la noticia, pero en la mayoría de los casos se pelean unos con otros, todos buscando fundamentos claros e indiscutibles, todos rebuscan palabras que ojalá alguien no entienda, todos quieren y creen saber de política y constituciones. Me gusta leerlos detenidamente, me divierte ver discutir a personas que no se conocen. Me inspiran para los editoriales, casi siempre.
Me gusta abrir a cada rato la ventana de msn mientras trabajo, para ver quién ha ingresado y quién se fue. He llegado a tener como máximo 17 contactos conectados (con redundacia y todo), en promedio son 8 - 9 -10. Me gusta leer sus nick y, en algunos casos, memorizarlos. Por ejemplo contento porque me fue biennnn, es mentira, no creo que le haya ido bien en nada. Es que él es muy mentiroso y siempre escribe cosas tontas y siempre se hace la víctima y siempre cree que a todos les importa lo que le pasa y siempre miente. Ya lo dije. A la muerte se le mira a la frente con valor y luego se le invita a tomar una copa, bien, muy buena la cita de Allan Poe, pero sonaría mejor en alguien que no conociera la muerte tan de cerca, en ella sabe como a 'compadézcanme'. Vida de Piedras /Anónimo/, nada que decir, siempre ha sido anónimo, siempre ha tenido vida de piedras, o las ha admirado. Donde las calles no tienen nombres, me suena a mis 16 años, pero lo ilógico siempre tiene un buen sentido, aunque sólo es una canción de U2, dijo. Solteros... Kiero un completo grande, sólo quiere que le pregunten porqué están solteros y luego contestar 'no quiero hablar de eso, es un tema complicado, me da verguenza, fui tan tonta'... y bla-bla. En la Libertadores, no le he preguntado -aunque quizás espera que lo haga- pero presiento que tiene algún programa de fútbol en alguna radio que se llama Libertadores. Fabiola Isabel (que capasidad tiene una persona para resistir la adversidad), simplemente Fabiola Isabel, para qué más; he querido decirle que capacidad es con c y ese qué debería llevar tilde, pero me da flojera. María Cecilia (Dónde estará mi primavera), simplemente María Cecilia (la tía cecy) que sigue buscando su primavera sin ver el verano que tiene encima. Aunque no te vea sé que estás ahí y he leído algunas cosas más cursis. Qué más, qué más... lo dejo así por el momento. Ah! Mis favoritos: Kién dijo que la U no ponía huevos? y ¿¿¿Por qué el pollito cruzó la calle???, me gustan porque me muero de curiosidad al saber qué los llevó a poner eso, pero no les pregunto para no enterarme, simplemente.
Me gusta ver a Lagos Weber bailar cueca.
Me gusta, de repente, ver El Heraldo y cachar que no sacan ni la mitad de noticias locales que nosotros. Pero también me gusta cuando nos golpean con alguna noticia (aunque no saben titular de manera sensacionalista), porque me provoca adrenalina.
Me gusta la previa en todo sentido. Me gusta el calor y el frío de la previa, en sus respectivos sentidos. Me gusta sentir esas ganas de más, en ambos sentidos. Me gusta ese hormigueo que baja y el otro que sube, en sus respectivos sentidos. Me gusta cuando ya se ha calmado el 'hambre' o la sed, en sus respectivos sentidos. Ahora, si ambos sentidos son en una misma ocasión, mejor todavía.
¿Qué más me gusta?
Cuando de la nada se me ocurre una palabra como para empezar a escribir algo que de a poco me irá provocando pequeños orgasmos. Como, por ejemplo 'Me gusta'; 'Y quién iba a pensar que lo iba a ver así'; 'La cara seca, el sueño fruncido', 'No fue por eso que llegué a esa hora'....
02 febrero 2009
A esta hora de la noche....
Y quién iba a pensar que lo iba a ver así. Oscuro pero con luces. Tenebroso pero celestial. Silencioso pero con voces, con pasos, con risas, con tecleaderas. Blanco pero color tapiz (¿tapiz es un color?). No, color mate. Grande, pero igual chico. Pobre, pero independiente, digno y autosuficiente.
Don Pedro se pasea sin saber bien a dónde va. 'Prendo la luz o no?'. 'Ya', contesta la Anita con su fina voz inalterable. Yo me levanto a entregarle unas entradas para el circo conseguidas deshonestamente para la tía Cecy. 'Ya, mi niña, gracias', dice, y continúa con su conversación por chat allá, en ese espacio que no es oficina donde ella, siempre con una sonrisa, atiende a los a veces no tan bienvenidos visitantes. Todos, hombres y mujeres, quedan enamorados de ella.
Alfredo habla rápidamente, disléxicamente, dándole indicaciones sobre unas fotos a la Anita. Luego se va, despidiéndose de cada uno. Es el único caballero que ha pasado por el diario. Don Arturo salió y tal vez, para bien de todos, no vuelva por ahora. Fue a su casa a escuchar bossa nova, a recordar el concierto, a celebrar que a mí me haya gustado Yin-Yin, 'música para intelectuales', dijo.
Afiches de la cuaresma de abril del año pasado (estamos en febrero, sólo aquí pasa eso), un archivo de diarios viejos, una luz que se apagó sola (están penando), la maquina de coser (uno de los 5 únicos ejemplares de Chile), un baúl, un globo terráqueo, otra cosa insignificante. Computadores, impresoras, scaners, fax, cuadros, cuadros, cuadros. Arte y literatura por todos los rincones. Se prende la luz (siguen penando). El silencio no pesa, se siguen escuchando tecleaderas: la Anita trabaja, la tía Cecy chatea, yo escribo huevadas. El sentimiento, una mirada, un pensamiento, la esperanza, la sabiduría decoran el final. Me quedo con sabiduría. Me quedo con los cinco años que me han arrojado mucho más que experiencias.
Me quedo.
Sí, me quedo en el Diario.
Don Pedro se pasea sin saber bien a dónde va. 'Prendo la luz o no?'. 'Ya', contesta la Anita con su fina voz inalterable. Yo me levanto a entregarle unas entradas para el circo conseguidas deshonestamente para la tía Cecy. 'Ya, mi niña, gracias', dice, y continúa con su conversación por chat allá, en ese espacio que no es oficina donde ella, siempre con una sonrisa, atiende a los a veces no tan bienvenidos visitantes. Todos, hombres y mujeres, quedan enamorados de ella.
Alfredo habla rápidamente, disléxicamente, dándole indicaciones sobre unas fotos a la Anita. Luego se va, despidiéndose de cada uno. Es el único caballero que ha pasado por el diario. Don Arturo salió y tal vez, para bien de todos, no vuelva por ahora. Fue a su casa a escuchar bossa nova, a recordar el concierto, a celebrar que a mí me haya gustado Yin-Yin, 'música para intelectuales', dijo.
Afiches de la cuaresma de abril del año pasado (estamos en febrero, sólo aquí pasa eso), un archivo de diarios viejos, una luz que se apagó sola (están penando), la maquina de coser (uno de los 5 únicos ejemplares de Chile), un baúl, un globo terráqueo, otra cosa insignificante. Computadores, impresoras, scaners, fax, cuadros, cuadros, cuadros. Arte y literatura por todos los rincones. Se prende la luz (siguen penando). El silencio no pesa, se siguen escuchando tecleaderas: la Anita trabaja, la tía Cecy chatea, yo escribo huevadas. El sentimiento, una mirada, un pensamiento, la esperanza, la sabiduría decoran el final. Me quedo con sabiduría. Me quedo con los cinco años que me han arrojado mucho más que experiencias.
Me quedo.
Sí, me quedo en el Diario.
30 enero 2009
La cara seca, el sueño fruncido (ceño fruncido), la mandíbula dolorosa, los ojos morados, azules como la angustia, como el arrepentimiento (como el arrepentitiempo), como el haber entregado algo valioso y quedar con la mano estirada. Nadie recibió nada, nadie miró siquiera.
Con las piernas con dolor por el en cuatro, por el abajo, por el arriba. Sí, por eso.
Y la comesura de los labios tiesas por la saliva seca, los labios mismos partidos, con gusto a sangre, a salsa de soya, a salsa de ajo, a sudor de tu piel. A tu piel.
Queda un cigarro. El vuelto te lo quedaste tú.
Con los ojos con más que cansancio, con un poco de furia, de esa que dijiste que hay menos en el infierno que en los ojos de una mujer. Una mujer des-pechada. Nunca tuve tantos pechos. Soy de senos precarios.
Y la lengua con gusto a tabaco, eso no lo sé, lo presiento. Sé pocas cosas y me siento menos que eso. Me siento poca-cosa, pero más-persona. Aunque se haya frustrado un orgasmo que pudo haber sido multiorgásmico. Aunque se haya pasado la hora sin darnos las 10 ni las 11, las 12 ni la una ni las 2 ni las 3. Sin que desnudos al anochecer nos haya encontrado la luna. Aunque haya sido la copiloto de una conversación superficial, de una lengua trabada, de una traba lenguada. Aunque no haya cobrado.
Con la panza suelta, con estrías que de tan atrevidas y burdas llegan a ser sexys, con una sangre de octubre que se subió a mi cerebro, con el cerebro de agosto que me bajó al ombligo, con las trancas de siempre, con las huidas de siempre. "Me voy, me vengo, no estoy, se fue, se vino, no está", Suena multiorgásmico y no es más que multicobardía.
No es más que nosotros dos en lo que nunca fueron 365 días multiplicados por 4 y divididos por cinco pololeos malhechos, 290 canas al aire, dos hijos, seis infidelides, unas cuantas revolcadas mutuas dignas de publicarlas en El Revolcón, cuatro universidades distintas y 35 llamadas telefónicas sin contestar.
No es más que nosotros dos no queriéndonos rendir para no quedar sin pan ni pedazo ni mermelada ni caviar ni vino tinto en caja. Para no quedarnos sin una noche de lluvia en medio de alaridos y reproches, de ojos en la ventana, de exhibición en la ventana.
Ahora sin ventanas y con alrededor de 365 días más, multiplicado por 2, que se dividirán por un sinfin de 'me voy, me vengo, no estoy, se fue, se vino, no está, ándate a la mierda y eso es lo que quiero".
Con las piernas con dolor por el en cuatro, por el abajo, por el arriba. Sí, por eso.
Y la comesura de los labios tiesas por la saliva seca, los labios mismos partidos, con gusto a sangre, a salsa de soya, a salsa de ajo, a sudor de tu piel. A tu piel.
Queda un cigarro. El vuelto te lo quedaste tú.
Con los ojos con más que cansancio, con un poco de furia, de esa que dijiste que hay menos en el infierno que en los ojos de una mujer. Una mujer des-pechada. Nunca tuve tantos pechos. Soy de senos precarios.
Y la lengua con gusto a tabaco, eso no lo sé, lo presiento. Sé pocas cosas y me siento menos que eso. Me siento poca-cosa, pero más-persona. Aunque se haya frustrado un orgasmo que pudo haber sido multiorgásmico. Aunque se haya pasado la hora sin darnos las 10 ni las 11, las 12 ni la una ni las 2 ni las 3. Sin que desnudos al anochecer nos haya encontrado la luna. Aunque haya sido la copiloto de una conversación superficial, de una lengua trabada, de una traba lenguada. Aunque no haya cobrado.
Con la panza suelta, con estrías que de tan atrevidas y burdas llegan a ser sexys, con una sangre de octubre que se subió a mi cerebro, con el cerebro de agosto que me bajó al ombligo, con las trancas de siempre, con las huidas de siempre. "Me voy, me vengo, no estoy, se fue, se vino, no está", Suena multiorgásmico y no es más que multicobardía.
No es más que nosotros dos en lo que nunca fueron 365 días multiplicados por 4 y divididos por cinco pololeos malhechos, 290 canas al aire, dos hijos, seis infidelides, unas cuantas revolcadas mutuas dignas de publicarlas en El Revolcón, cuatro universidades distintas y 35 llamadas telefónicas sin contestar.
No es más que nosotros dos no queriéndonos rendir para no quedar sin pan ni pedazo ni mermelada ni caviar ni vino tinto en caja. Para no quedarnos sin una noche de lluvia en medio de alaridos y reproches, de ojos en la ventana, de exhibición en la ventana.
Ahora sin ventanas y con alrededor de 365 días más, multiplicado por 2, que se dividirán por un sinfin de 'me voy, me vengo, no estoy, se fue, se vino, no está, ándate a la mierda y eso es lo que quiero".
26 enero 2009
La voz de mi Ladrón Honrado
No fue por eso que llegué a esa hora. Fue por lo otro. Sí, por esas señoras que se pelearon en la calle, cuando una, sin querer, le botó las bayas a la otra; y esa otra, con querer, de puro picada, le tiró la canasta con las bayas a la anterior. Y hasta las pisó, la muy puta, figúrese usted. Los señores también se pelearon, no por las bayas, los señores no cargan bayas, cargan dinero. A un señor se le cayó el dinero en la calle y otros dos lo vieron allí, babosearon al imaginarse ese montoncito de verdes en sus manos. Pero antes de tomarlos empezó la discusión 'no es tuyo', 'tuyo tampoco', 'yo lo vi primero', 'no, yo lo vi'. Llegó el guardia, figúrese usted, y dijo que ese dinero le corresponde al dueño. Salió a buscarlo, pero yo vi que el muy malparido se lo dejó para él.
Yo sólo los miré a la distancia, no me tenté ni con el dinero ni con las bayas. Todavía me quedaba una cañita de vino y más me vale eso que cien pájaros volando. Pero no fue por eso que llegué a esa hora.
Estaba pensado en lo inútil que puedo ser, en lo poco que puedo ser, en la carga que puedo ser. Nadie me quiere dar trabajo. Y le juro que he tratado de conseguírmelo, pero todos me miran mal, como la escoria misma, como lo peor de la podredumbre humana. Porque la humanidad también se pudre y entre ellos estoy yo. Ni porque llevo mi capotecito, que vale oro, me toman en cuenta.
Entonces me vine caminando tan triste por la pena por la rabia por el miedo por usted por llegar el momento en que no me soportará más por mi carga por mi hambre por mi sopa por mi cama por mi borrachera. Que usted dijo que la próxima vez dormiría en la escalera y qué le iba yo a hacer. Acomodé mi cabeza sobre el capotecito doblado sobre la nieve sobre la escala y con más frío que pena me dormí para no molestarlo. Que de dónde iba a suponer yo que se iba a molestar igual. Mejor me quedaba en la silla mirando por la ventana, un poco más ajeno del mundo, con menos caos, un poco con más calor, menos solo, con más tranquilidad, menos malo, con más seguridad, menos borracho, con más pena. Y usted igual se hubiese molestado, pero no preocupado.
Por eso le repito, como por séptima vez, que yo no tomé esos pantalones. Que para qué los iba a querer yo, si con los que tengo me basta, si yo no soy un manilarga amigo de lo ajeno. ¿Cree usted que yo podría pagarle de tal modo? No, no se moleste porque ando en cuclillas, pero es que por aquí deben estar esos pantalones, en alguna parte va a aparecer. Bajo la cama, bajo el colchón, bajo la mesa, bajo el baúl, bajo la silla, bajo sus pies. Quién sabe. Por ahí deben estar. O también es probable que hayan desaparecido porque sí, porque se les dio la gana. Usted me mira con risa de pena, señor, con rabia de lástima. Porque usted es bueno y yo no pude haberle robado, para qué, mire como ando, mire mi miseria, mire mi ebriedad, para qué iba a robar sus pantalones caros con los que pensaba hacer tantas cosas. Era como si usted tomara mi vino y me lo echara por la espalda.
Entonces debo marcharme, porque usted es bueno y sin embargo desconfía de mí. Porque yo soy malo y sin embargo no tomé sus pantalones ni la pollera de la vieja. Porque estoy borracho y sin embargo guardo dignidad. Ni humillado ni ofendido, sólo por respeto debo irme. A mí y a usted.
Y allá afuera está blanco y camino. Y mis pies tocan la nieve y ya morados no sienten nada. Y el ambiente sabe a hambre y desamparo. Y el alcohol sabe a sal para las heridas. Y la muerte se aproxima y retrocede. Una noche, al lado de un alambrado, cubriéndome con mi capotecito del frío peterburgués. Otro día que sabe a mil años y el viento me rasga la piel. Las tabernas se cerraron para mí, las veredas se escondieron para mí, las orejas se congelan y los párpados se caen. Otra noche sobre un puente porque abajo es peor, hipotérmico y moribundo lo recuerdo con cama y techo. Ya de día, ya de tarde, cae la noche y llego a su casa. Lo encuentro esperándome ansioso, angustiado y con una sonrisa. Que la sopa, que el pan con cebolla, que un vaso de vino. No quiero vino. Estás enfermo. Sí, no me siento bien. Y la fiebre y la vida y los recuerdos de la infancia de la calle de los niños de los juegos de alfileres de modistas de la loca de la niña de la madre de los llantos de la historia del pasado de la cruz de Jesucristo de su sangre de mentira de los curas de la iglesia de la ostia del vino, vino, vino, agua ardiente bendita de los cantos de la infancia de la calle de los niños. Y yo lo miro y lo veo a medias y usted no se quiere alejar de mí. Señor, ¿cuánto le darán por mi capotecito? Y usted me mira con risa de pena, con llanto de lástima. Dice que tres rublos y pienso que es poco, para todo lo que me ha acompañado por años. Entonces no aguanto más con la carga de la pena de la culpa del ahogo de la maldad. Cuando yo me muera, quiero que usted lleve mi capote y lo venda, si le cose los agujeros puede que le den más dinero, quizás así pueda recuperar en algo la plata de los pantalones, que yo le robé para comprar alcohol. Y me toca con cariño y su mano es como el cielo. Descansa, hijo, descansa. Y no quiero descansar, no quiero dejar de vivir esta vida de miseria a la que ya me había acostumbrado, y lo miro descubriendo en horas de mi muerte la bondad de lo poquísimo que éramos. Y los ruidos en mi oído hacían bom-bom-bom y la cama era de algodón y todo ardía con mi cabeza. Algo remecía la vida entera y mi capotecito no era suficiente para protegerme. Extendí mi mano para asirme de algo, pero sólo encontró el vacío más rotundo.
(Modificado de "Un ladrón honrado", F. Dostoiewsky)
Yo sólo los miré a la distancia, no me tenté ni con el dinero ni con las bayas. Todavía me quedaba una cañita de vino y más me vale eso que cien pájaros volando. Pero no fue por eso que llegué a esa hora.
Estaba pensado en lo inútil que puedo ser, en lo poco que puedo ser, en la carga que puedo ser. Nadie me quiere dar trabajo. Y le juro que he tratado de conseguírmelo, pero todos me miran mal, como la escoria misma, como lo peor de la podredumbre humana. Porque la humanidad también se pudre y entre ellos estoy yo. Ni porque llevo mi capotecito, que vale oro, me toman en cuenta.
Entonces me vine caminando tan triste por la pena por la rabia por el miedo por usted por llegar el momento en que no me soportará más por mi carga por mi hambre por mi sopa por mi cama por mi borrachera. Que usted dijo que la próxima vez dormiría en la escalera y qué le iba yo a hacer. Acomodé mi cabeza sobre el capotecito doblado sobre la nieve sobre la escala y con más frío que pena me dormí para no molestarlo. Que de dónde iba a suponer yo que se iba a molestar igual. Mejor me quedaba en la silla mirando por la ventana, un poco más ajeno del mundo, con menos caos, un poco con más calor, menos solo, con más tranquilidad, menos malo, con más seguridad, menos borracho, con más pena. Y usted igual se hubiese molestado, pero no preocupado.
Por eso le repito, como por séptima vez, que yo no tomé esos pantalones. Que para qué los iba a querer yo, si con los que tengo me basta, si yo no soy un manilarga amigo de lo ajeno. ¿Cree usted que yo podría pagarle de tal modo? No, no se moleste porque ando en cuclillas, pero es que por aquí deben estar esos pantalones, en alguna parte va a aparecer. Bajo la cama, bajo el colchón, bajo la mesa, bajo el baúl, bajo la silla, bajo sus pies. Quién sabe. Por ahí deben estar. O también es probable que hayan desaparecido porque sí, porque se les dio la gana. Usted me mira con risa de pena, señor, con rabia de lástima. Porque usted es bueno y yo no pude haberle robado, para qué, mire como ando, mire mi miseria, mire mi ebriedad, para qué iba a robar sus pantalones caros con los que pensaba hacer tantas cosas. Era como si usted tomara mi vino y me lo echara por la espalda.
Entonces debo marcharme, porque usted es bueno y sin embargo desconfía de mí. Porque yo soy malo y sin embargo no tomé sus pantalones ni la pollera de la vieja. Porque estoy borracho y sin embargo guardo dignidad. Ni humillado ni ofendido, sólo por respeto debo irme. A mí y a usted.
Y allá afuera está blanco y camino. Y mis pies tocan la nieve y ya morados no sienten nada. Y el ambiente sabe a hambre y desamparo. Y el alcohol sabe a sal para las heridas. Y la muerte se aproxima y retrocede. Una noche, al lado de un alambrado, cubriéndome con mi capotecito del frío peterburgués. Otro día que sabe a mil años y el viento me rasga la piel. Las tabernas se cerraron para mí, las veredas se escondieron para mí, las orejas se congelan y los párpados se caen. Otra noche sobre un puente porque abajo es peor, hipotérmico y moribundo lo recuerdo con cama y techo. Ya de día, ya de tarde, cae la noche y llego a su casa. Lo encuentro esperándome ansioso, angustiado y con una sonrisa. Que la sopa, que el pan con cebolla, que un vaso de vino. No quiero vino. Estás enfermo. Sí, no me siento bien. Y la fiebre y la vida y los recuerdos de la infancia de la calle de los niños de los juegos de alfileres de modistas de la loca de la niña de la madre de los llantos de la historia del pasado de la cruz de Jesucristo de su sangre de mentira de los curas de la iglesia de la ostia del vino, vino, vino, agua ardiente bendita de los cantos de la infancia de la calle de los niños. Y yo lo miro y lo veo a medias y usted no se quiere alejar de mí. Señor, ¿cuánto le darán por mi capotecito? Y usted me mira con risa de pena, con llanto de lástima. Dice que tres rublos y pienso que es poco, para todo lo que me ha acompañado por años. Entonces no aguanto más con la carga de la pena de la culpa del ahogo de la maldad. Cuando yo me muera, quiero que usted lleve mi capote y lo venda, si le cose los agujeros puede que le den más dinero, quizás así pueda recuperar en algo la plata de los pantalones, que yo le robé para comprar alcohol. Y me toca con cariño y su mano es como el cielo. Descansa, hijo, descansa. Y no quiero descansar, no quiero dejar de vivir esta vida de miseria a la que ya me había acostumbrado, y lo miro descubriendo en horas de mi muerte la bondad de lo poquísimo que éramos. Y los ruidos en mi oído hacían bom-bom-bom y la cama era de algodón y todo ardía con mi cabeza. Algo remecía la vida entera y mi capotecito no era suficiente para protegerme. Extendí mi mano para asirme de algo, pero sólo encontró el vacío más rotundo.
(Modificado de "Un ladrón honrado", F. Dostoiewsky)
21 enero 2009
Diálogo No Casual
- ¿Por qué?
- ¿Porqué qué?
- Porqué esto.
- ¿Esto qué?
- Esto que hacemos.
- ¡Ah! No sé.
- ¿Cómo no vas a saber?
- ¿Saber qué?
- Lo que dijiste.
- ¿De qué?
- De lo que te pregunté.
- Filo ¿por qué quieres saber?
- ¿Saber qué?
- Eso.
- ¿Qué cosa?
- Lo que me preguntaste si sabía.
- ¡Ah! No sé.
- No sabes nada.
- ¿De qué?
- De nada.
- ¿Y de verdad crees que la marihuana no te hace ni cosquillas?
- ¿Qué tiene que ver?
- ¿Con qué?
- No sé.
- No sabes nada.
- ¿De qué?
- De nada.
- Ándate a la mierda.
- Eso es lo que quiero.
- ¿Porqué qué?
- Porqué esto.
- ¿Esto qué?
- Esto que hacemos.
- ¡Ah! No sé.
- ¿Cómo no vas a saber?
- ¿Saber qué?
- Lo que dijiste.
- ¿De qué?
- De lo que te pregunté.
- Filo ¿por qué quieres saber?
- ¿Saber qué?
- Eso.
- ¿Qué cosa?
- Lo que me preguntaste si sabía.
- ¡Ah! No sé.
- No sabes nada.
- ¿De qué?
- De nada.
- ¿Y de verdad crees que la marihuana no te hace ni cosquillas?
- ¿Qué tiene que ver?
- ¿Con qué?
- No sé.
- No sabes nada.
- ¿De qué?
- De nada.
- Ándate a la mierda.
- Eso es lo que quiero.
20 enero 2009
Diálogo casi casual
- se caen los aviones y no se va a caer Internet.
- Pero los aviones vuelan, po
- La weá estúpida
- ¿qué es estúpido? ¿Qué vuelen los aviones, que se caiga Internet, que se caigan los aviones, que no vuele Internet?
- Tu comentario.
- ¿Las preguntas?
- También.
- Weón.
- Pero los aviones vuelan, po… eso es estúpido.
- ¿Por qué? ¿Acaso no vuelan?
- Sí, pero no siempre
- ¿entonces?
- Ese no es el punto
- ¿entonces?
- La comparación, nada que ver una cosa con otra
- ¿entonces?
- Entonces qué, mierda!!!
- Para qué comparas po
- Yo no comparé
- Y a caso se caen los aviones y no se va a caer Internet no es una comparación?
- No, osea, sí… pero no. Puede ser, pero es una comparación en cuanto a caer. Ambos se caen. Pero tú haces una comparación en cuanto a volar.
- Entonces?
- Me estai jodiendo
- No es comparación, es relación.
- Los aviones e Internet no tienen relación.
- De qué tipo?
- De ningún tipo
- Estoy segura que en los aviones hay wifi
- Me estai jodiendo
- Hasta los Talca-París-y-Londres tienen wifi
- Y qué tiene que ver?
- Estoy segura que ese wifi igual se cae.
- La weá estúpida
- Ahhh, estás hablando puras webadas
- Es webadas o wevadas? Con b o con v?
- Qué sé yo
- Deberías saber
- Primero averigua porqué se me cae Internet
- Ya te dije: se caen los aviones y no se va a caer Internet
- Pero los aviones vuelan po
- La weá estúpida
- Pero los aviones vuelan, po
- La weá estúpida
- ¿qué es estúpido? ¿Qué vuelen los aviones, que se caiga Internet, que se caigan los aviones, que no vuele Internet?
- Tu comentario.
- ¿Las preguntas?
- También.
- Weón.
- Pero los aviones vuelan, po… eso es estúpido.
- ¿Por qué? ¿Acaso no vuelan?
- Sí, pero no siempre
- ¿entonces?
- Ese no es el punto
- ¿entonces?
- La comparación, nada que ver una cosa con otra
- ¿entonces?
- Entonces qué, mierda!!!
- Para qué comparas po
- Yo no comparé
- Y a caso se caen los aviones y no se va a caer Internet no es una comparación?
- No, osea, sí… pero no. Puede ser, pero es una comparación en cuanto a caer. Ambos se caen. Pero tú haces una comparación en cuanto a volar.
- Entonces?
- Me estai jodiendo
- No es comparación, es relación.
- Los aviones e Internet no tienen relación.
- De qué tipo?
- De ningún tipo
- Estoy segura que en los aviones hay wifi
- Me estai jodiendo
- Hasta los Talca-París-y-Londres tienen wifi
- Y qué tiene que ver?
- Estoy segura que ese wifi igual se cae.
- La weá estúpida
- Ahhh, estás hablando puras webadas
- Es webadas o wevadas? Con b o con v?
- Qué sé yo
- Deberías saber
- Primero averigua porqué se me cae Internet
- Ya te dije: se caen los aviones y no se va a caer Internet
- Pero los aviones vuelan po
- La weá estúpida
17 enero 2009
Editoriales (Diario El Lector)
El negocio de la frescura
El servicio en sí más las comisiones correspondientes (en la mayoría de los casos sólo la empresa sabe de qué se trata), la deuda en sí más los intereses por darte la facilidad de tener esa misma deuda, más el seguro de desgravamen, más algún seguro que en algunos casos ni el usuario sabe que lo contrató, más el interés de un 1,9% de la deuda total cuando el bolsillo no alcanza para pagar dada cantidad y se atrasa, más el costo de las dichosas cartitas que llegan a domicilio, más el costo de la carta en que te avisan que estás atrasado con la deuda, más el costo por enviarte la boleta o factura a pagar, que en un caso específico fue de $5.800, donde el mismo beneficiario-afectado (ironías) vino hasta el Diario “El Lector” a quejarse, etcéteras y etcéteras (plural).
Es así como las empresas comerciales que nos dan ciertas facilidades para mejorar la calidad de vida, nos cobran no sólo por los beneficios, sino también por el supuesto favor y sus consecuencias.
Quién nos manda a endeudarnos, también. Pero es que a veces la vida misma, la actualidad en sí, las tendencias y otros factores siempre externos, nos van obligando a ponernos al día e ir adquiriendo ciertas cosas que en su momento no suponíamos que no eran tan necesarias y que, de a poco, nos costarían los dos ojos de la cara y un mal rato que nos echaría a perder el día. Pero las empresas siempre tienen la palabra precisa (la sonrisa perfecta) para hacernos titubear y cuestionarnos si es que no seremos nosotros los equivocados, si es que no estaremos haciendo el ridículo al reclamar que estoy debiendo 100 mil pesos que no sé de qué son. Entonces te cobrarían también por el tiempo que le estás haciendo perder a la señorita de nervios de acero.
Y así, suma y siguen los cobros excesivos e infundamentados que empresas comerciales, de telefonía, supermercados, etc., cobran a sus usuarios que de inocentes no tienen mucho pero eso no quita que sean víctimas de intereses ajenos.
Y es que las empresas te inducen al consumismo, pero luego, casi con una autoridad moralista, te castigan por lo mismo.
Todo por dinero
Hay por ahí buenas o malas lenguas que aseguran que el alcohol es la raíz de todos los males. Otros, con argumentos más que suficientes, señalan que no, que el dinero es la principal y destructora raíz. Claro, sin dinero no se puede comprar alcohol. Pero existe el lado opuesto en lo relativamente práctico: también el dinero puede ser la raíz de todos los bienes. Con plata se compran huevos.
Pero cuando se trata de ambición y avaricia desenfrenada, no hay disputa en cuestión.
Desde obsesionados juegos en las famosas máquinas tragamonedas y perseverantes juegos semanales de la lotería, hasta algunos que llegan a pedir dinero en las calles (sin mucha necesidad), a robar a hurtadillas, a asaltar sin importarles nada, a secuestras y a matar... a asesinar a sus padres, a un amigo, a un conocido... son los casos que se han visto en Chile, siempre por lo mismo ¿Qué puede haber actualmente más importante que eso? Por plata la gente trabaja, se desvela, se deprime, y puede llegar a hacer una innumerable cantidad de locuras.
La situación se escapa de las manos de los propios victimarios, su mentalidad y amor por la plata llega a un extremo en que no pueden controlar sus impulsos, todo es permitido cuando se trata de la guerra y el amor por el dinero. Luego, cuando reaccionan y se arrepienten, si es que lo hacen, ya es demasiado tarde para una sociedad que no perdona este tipo de cosas, aunque quizás haría lo mismo en un caso similar. Pero sus ojos se espantan, su boca se llena de inocencia y su conciencia, políticamente correcta, siempre dará a favor de la víctima.
Entonces, en este caso, el principal problema y tema que tratarán psicólogos y psiquiatras, es el desequilibrio emocional de las personas en una situación desesperada, es lo que se ha hecho para conocer la mentalidad de las personas y lo que falta por hacer para que su mal estado no influya en el mundo que estamos formando.
Tierra de artistas
En todas las ciudades existen, sí, pero nadie podrá negar que en Linares se da más que en ninguna otra parte. O, por lo menos, más que en ciudades aledañas. Payasos en zancos paseando por la plaza, malabaristas haciendo su show aprovechando la luz roja del semáforo, mimos expresando su amor a los transeúntes, individuos con implementos extraños haciendo performance en la calle, etc. Ya no nos parece extraño, pero el punto es por qué.
Linares por años se destaca silenciosamente por ser tierra de poetas, de pintores, escritores, actores, músicos. Amantes y aficionados a las artes. Esto se puede dar por varios factores, principalmente por jóvenes que se van a estudiar fuera de la ciudad y vuelven con ganas de hacer cosas nuevas, distintas, con la prejuiciosa y ya cliché creencia de que ‘en Linares nunca pasa nada’.
Y será, tal vez, porque Linares efectivamente es una tierra de soñadores y talentosos. Da a luz hijos ingeniosos, con afanes intelectuales, con aspiraciones artísticas, pero luego se los entrega en adopción a Talca, Chillán, Concepción, Santiago, Punta Arenas, etc., pues no tiene espacios para criarlos y ayudarlos a desarrollarse. Son esos hijos bastardos de Linares los que llenan de color y movimiento el verano, cuando vuelven a su ciudad natal, para luego marcharse, murmurando entre dientes que nadie es profeta en su tierra.
Se alejan en busca de apoyo y oportunidad, y ni siquiera pagamos pensión alimenticia. Los estamos perdiendo y llegará el momento en que, si sus esfuerzos dan frutos, ni siquiera reclamen por su apellido.
Bien común / mal común
Todas las esperanzas de una ciudad mejor, la gente común y corriente las coloca en las nuevas autoridades, especialmente ahora que están nuevecitos en sus cargos y con toda la buena voluntad (es de esperarse). Que la basura, que los perros vagos, que espacio para la cultura. Temas interminables en Linares y para los que sólo se necesita un poco más de unión y de conciencia social.
El alcalde y los concejales no son semi-dioses con la capacidad de resolver los problemas de un día para otro. Una casa no se ordena sola, pero tampoco permanece ordenada si unos cuantos limpian y el resto hace lo contrario.
Los ciudadanos somos todos hermanos, hijos de Linares, y debemos preocuparnos de mantener la ciudad en orden, lo que se consigue no sólo con un poco más de conciencia, sino también con el aporte de cada uno. Si nos molesta la basura, no ensuciemos y no permitamos que otros lo hagan. Si nos preocupa el tema de los perros vagos, no dejemos a nuestras mascotas en la calle, convirtiendo en un problema comunitario lo que podría ser una grata compañía. Si queremos arte, valoremos lo que tenemos en la ciudad y no estemos en espera de algo reconocido nacionalmente, dejando de lado a los tantos linarenses con ganas de expresarse artísticamente. Si ‘la sociedad actual es tan individualista’, acerquémosnos a nuestros vecinos y creemos lazos empáticos, no nos quedemos de brazos cruzados cuando veamos sufrir al resto, no le demos la espalda a alguien que ha cometido un error ni hagamos leña del árbol caído. Pero, más aún, no botemos nosotros mismos esos árboles.
La vida en sociedad está llena de reciprocidades, todos necesitamos de todos, nadie puede subsistir solo. Acción-reacción, estímulo-respuesta, causa-efecto. El bien común es comunitario (valga la redundancia), y si lo que se logra es mal común todos seremos víctimas de aquello.
No le dejemos todo a las autoridades, como pequeños niños que ante cada dificultad van donde la mamá para que se las solucione. Somos nosotros los protagonistas y los principales actores de una ciudad mejor.
Conciencia, señores, conciencia
Los desgarradores testimonios entregados por las madres de las niñas fallecidas en un accidente de tránsito, es para hacernos pensar como sociedad sobre las consecuencias que pueden tener nuestros actos, algunas de ellas fatales.
Cuando visitaron Diario “El Lector” tres madres de las cuatro menores muertas a raíz de un accidente ocurrido en junio pasado camino a Panimávida, dieron a conocer el gran dolor que les causaba no sólo la pérdida de sus hijas, sino que éstas hayan fallecido de manera tan injusta, cuando a penas empezaban a vivir y a causa de una irresponsabilidad ajena.
Frases como “somos personas que estamos envueltas en máscaras de hierro”, “la justicia qué quiere ¿que yo vaya y le dé un tiro o que me suicide?”, “si yo contara cómo estaba mi hija, con su cuerpecito todo quebrado”, “una como mamá se sacrifica tanto por sus hijos y que de la noche a la mañana mueran de esta manera, es muy difícil de entender”, “yo vivía con la muerte de la mano, pero tenía la esperanza que mi hija siempre iba a estar conmigo”, dejan ver el dolor y la impotencia de estas madres, al saber que sus niñas no merecían morir de esa manera, que no es justo que por la irresponsabilidad de uno, tengan que pagar sus hijas, ellas y toda la familia.
Hasta el cansancio se ha dicho que hay que ser prudentes para conducir, hay que tener conciencia de que no estamos solos en el mundo y que las consecuencias de nuestros actos la pueden pagar personas inocentes. Hasta cuándo sucederá este tipo de cosas, qué más necesitan las personas para actuar con mayor prudencia.
Carabineros fiscalizan y sancionan, las autoridades hacen llamados y amenazas, las instituciones entregan volantes y consejos. Si vas a tomar, entrega las llaves; si vas a conducir, no bebas. Es que al parecer, el alcohol también inhibe la inteligencia de los humanos, no sólo sus capacidades motrices.
¿Cuántas madres más tendremos que ver destruidas para que todos tomemos conciencia de esto y actuemos con prudencia?
Anda, vuelve a ser inteligente: piensa en tu prójimo.
Pudores de Chile
“¿Y tú cuánto ganas?”. Cri – cri- cri. “Lo suficiente”.
“¿Qué haría usted si supiera que se va a morir mañana?”. “Es una pregunta muy difícil de responder”.
“¿Conoces a alguien que tenga sida?”. “Está penado por la ley revelar eso, incluso preguntarlo”.
“¿Y cómo fue que murió tu abuela?”. “Es un tema bastante delicado y familiar”.
“¿Por qué quedaste repitiendo?”. “Los profesores me tienen mala”.
Y así, suma y siguen los temas que a la mayoría de los chilenos les cuesta tocar por un inexplicable pudor heredado ya desde hace muchos años.
El más recurrente de todos, es el tema del dinero, es algo que importa, pero que nos duele, que toca nuestro sensible orgullo, especialmente en una región donde los sueldos suelen ser bajos. Resulta de mala educación y mal gusto preguntarle a una persona cuánto gana. Y nunca dan una respuesta concreta: “un poco más del mínimo”, “sueldo base más comisión”, “lo normal - lo suficiente - bastante bien”. Nos cuesta decir “180 lukitas líquidas” y quedarnos semidesnudos a los ojos del resto.
Otro tema que, de hecho, es bastante delicado y, por mucho que uno tenga sentimientos verdaderos, a veces da miedo preguntar, es todo lo relacionado con la muerte. Es que el sufrimiento en este tipo de casos le da como cierto derecho al deudo a reaccionar como quiere. Y en el resto de las personas nace un tipo de recato en el que les preocupa tocar una herida abierta
Qué decir de todo lo relacionado con el aspecto sexual: “¿Cómo lo pasaste anoche?”. “No seas desubicado (a) – un caballero no tiene memoria – oye, eso es algo íntimo”. Y efectivamente es algo bastante íntimo y el que se llevó la parada de carros, cuando algún curioso le haga una pregunta similar, dará la misma respuesta.
Entonces se amplía el terreno de la llamada intimidad, dentro de una burbuja que cada vez está siendo más fácil romper, pero que algunos siguen guardando con recelo.
“¿Por qué no publicas lo que escribes?”. “Porque se revelarían datos de mi vida personal que no quiero que se manoseen, sería como mostrar la planta del pie en público”. Qué literario.
El servicio en sí más las comisiones correspondientes (en la mayoría de los casos sólo la empresa sabe de qué se trata), la deuda en sí más los intereses por darte la facilidad de tener esa misma deuda, más el seguro de desgravamen, más algún seguro que en algunos casos ni el usuario sabe que lo contrató, más el interés de un 1,9% de la deuda total cuando el bolsillo no alcanza para pagar dada cantidad y se atrasa, más el costo de las dichosas cartitas que llegan a domicilio, más el costo de la carta en que te avisan que estás atrasado con la deuda, más el costo por enviarte la boleta o factura a pagar, que en un caso específico fue de $5.800, donde el mismo beneficiario-afectado (ironías) vino hasta el Diario “El Lector” a quejarse, etcéteras y etcéteras (plural).
Es así como las empresas comerciales que nos dan ciertas facilidades para mejorar la calidad de vida, nos cobran no sólo por los beneficios, sino también por el supuesto favor y sus consecuencias.
Quién nos manda a endeudarnos, también. Pero es que a veces la vida misma, la actualidad en sí, las tendencias y otros factores siempre externos, nos van obligando a ponernos al día e ir adquiriendo ciertas cosas que en su momento no suponíamos que no eran tan necesarias y que, de a poco, nos costarían los dos ojos de la cara y un mal rato que nos echaría a perder el día. Pero las empresas siempre tienen la palabra precisa (la sonrisa perfecta) para hacernos titubear y cuestionarnos si es que no seremos nosotros los equivocados, si es que no estaremos haciendo el ridículo al reclamar que estoy debiendo 100 mil pesos que no sé de qué son. Entonces te cobrarían también por el tiempo que le estás haciendo perder a la señorita de nervios de acero.
Y así, suma y siguen los cobros excesivos e infundamentados que empresas comerciales, de telefonía, supermercados, etc., cobran a sus usuarios que de inocentes no tienen mucho pero eso no quita que sean víctimas de intereses ajenos.
Y es que las empresas te inducen al consumismo, pero luego, casi con una autoridad moralista, te castigan por lo mismo.
Todo por dinero
Hay por ahí buenas o malas lenguas que aseguran que el alcohol es la raíz de todos los males. Otros, con argumentos más que suficientes, señalan que no, que el dinero es la principal y destructora raíz. Claro, sin dinero no se puede comprar alcohol. Pero existe el lado opuesto en lo relativamente práctico: también el dinero puede ser la raíz de todos los bienes. Con plata se compran huevos.
Pero cuando se trata de ambición y avaricia desenfrenada, no hay disputa en cuestión.
Desde obsesionados juegos en las famosas máquinas tragamonedas y perseverantes juegos semanales de la lotería, hasta algunos que llegan a pedir dinero en las calles (sin mucha necesidad), a robar a hurtadillas, a asaltar sin importarles nada, a secuestras y a matar... a asesinar a sus padres, a un amigo, a un conocido... son los casos que se han visto en Chile, siempre por lo mismo ¿Qué puede haber actualmente más importante que eso? Por plata la gente trabaja, se desvela, se deprime, y puede llegar a hacer una innumerable cantidad de locuras.
La situación se escapa de las manos de los propios victimarios, su mentalidad y amor por la plata llega a un extremo en que no pueden controlar sus impulsos, todo es permitido cuando se trata de la guerra y el amor por el dinero. Luego, cuando reaccionan y se arrepienten, si es que lo hacen, ya es demasiado tarde para una sociedad que no perdona este tipo de cosas, aunque quizás haría lo mismo en un caso similar. Pero sus ojos se espantan, su boca se llena de inocencia y su conciencia, políticamente correcta, siempre dará a favor de la víctima.
Entonces, en este caso, el principal problema y tema que tratarán psicólogos y psiquiatras, es el desequilibrio emocional de las personas en una situación desesperada, es lo que se ha hecho para conocer la mentalidad de las personas y lo que falta por hacer para que su mal estado no influya en el mundo que estamos formando.
Tierra de artistas
En todas las ciudades existen, sí, pero nadie podrá negar que en Linares se da más que en ninguna otra parte. O, por lo menos, más que en ciudades aledañas. Payasos en zancos paseando por la plaza, malabaristas haciendo su show aprovechando la luz roja del semáforo, mimos expresando su amor a los transeúntes, individuos con implementos extraños haciendo performance en la calle, etc. Ya no nos parece extraño, pero el punto es por qué.
Linares por años se destaca silenciosamente por ser tierra de poetas, de pintores, escritores, actores, músicos. Amantes y aficionados a las artes. Esto se puede dar por varios factores, principalmente por jóvenes que se van a estudiar fuera de la ciudad y vuelven con ganas de hacer cosas nuevas, distintas, con la prejuiciosa y ya cliché creencia de que ‘en Linares nunca pasa nada’.
Y será, tal vez, porque Linares efectivamente es una tierra de soñadores y talentosos. Da a luz hijos ingeniosos, con afanes intelectuales, con aspiraciones artísticas, pero luego se los entrega en adopción a Talca, Chillán, Concepción, Santiago, Punta Arenas, etc., pues no tiene espacios para criarlos y ayudarlos a desarrollarse. Son esos hijos bastardos de Linares los que llenan de color y movimiento el verano, cuando vuelven a su ciudad natal, para luego marcharse, murmurando entre dientes que nadie es profeta en su tierra.
Se alejan en busca de apoyo y oportunidad, y ni siquiera pagamos pensión alimenticia. Los estamos perdiendo y llegará el momento en que, si sus esfuerzos dan frutos, ni siquiera reclamen por su apellido.
Bien común / mal común
Todas las esperanzas de una ciudad mejor, la gente común y corriente las coloca en las nuevas autoridades, especialmente ahora que están nuevecitos en sus cargos y con toda la buena voluntad (es de esperarse). Que la basura, que los perros vagos, que espacio para la cultura. Temas interminables en Linares y para los que sólo se necesita un poco más de unión y de conciencia social.
El alcalde y los concejales no son semi-dioses con la capacidad de resolver los problemas de un día para otro. Una casa no se ordena sola, pero tampoco permanece ordenada si unos cuantos limpian y el resto hace lo contrario.
Los ciudadanos somos todos hermanos, hijos de Linares, y debemos preocuparnos de mantener la ciudad en orden, lo que se consigue no sólo con un poco más de conciencia, sino también con el aporte de cada uno. Si nos molesta la basura, no ensuciemos y no permitamos que otros lo hagan. Si nos preocupa el tema de los perros vagos, no dejemos a nuestras mascotas en la calle, convirtiendo en un problema comunitario lo que podría ser una grata compañía. Si queremos arte, valoremos lo que tenemos en la ciudad y no estemos en espera de algo reconocido nacionalmente, dejando de lado a los tantos linarenses con ganas de expresarse artísticamente. Si ‘la sociedad actual es tan individualista’, acerquémosnos a nuestros vecinos y creemos lazos empáticos, no nos quedemos de brazos cruzados cuando veamos sufrir al resto, no le demos la espalda a alguien que ha cometido un error ni hagamos leña del árbol caído. Pero, más aún, no botemos nosotros mismos esos árboles.
La vida en sociedad está llena de reciprocidades, todos necesitamos de todos, nadie puede subsistir solo. Acción-reacción, estímulo-respuesta, causa-efecto. El bien común es comunitario (valga la redundancia), y si lo que se logra es mal común todos seremos víctimas de aquello.
No le dejemos todo a las autoridades, como pequeños niños que ante cada dificultad van donde la mamá para que se las solucione. Somos nosotros los protagonistas y los principales actores de una ciudad mejor.
Conciencia, señores, conciencia
Los desgarradores testimonios entregados por las madres de las niñas fallecidas en un accidente de tránsito, es para hacernos pensar como sociedad sobre las consecuencias que pueden tener nuestros actos, algunas de ellas fatales.
Cuando visitaron Diario “El Lector” tres madres de las cuatro menores muertas a raíz de un accidente ocurrido en junio pasado camino a Panimávida, dieron a conocer el gran dolor que les causaba no sólo la pérdida de sus hijas, sino que éstas hayan fallecido de manera tan injusta, cuando a penas empezaban a vivir y a causa de una irresponsabilidad ajena.
Frases como “somos personas que estamos envueltas en máscaras de hierro”, “la justicia qué quiere ¿que yo vaya y le dé un tiro o que me suicide?”, “si yo contara cómo estaba mi hija, con su cuerpecito todo quebrado”, “una como mamá se sacrifica tanto por sus hijos y que de la noche a la mañana mueran de esta manera, es muy difícil de entender”, “yo vivía con la muerte de la mano, pero tenía la esperanza que mi hija siempre iba a estar conmigo”, dejan ver el dolor y la impotencia de estas madres, al saber que sus niñas no merecían morir de esa manera, que no es justo que por la irresponsabilidad de uno, tengan que pagar sus hijas, ellas y toda la familia.
Hasta el cansancio se ha dicho que hay que ser prudentes para conducir, hay que tener conciencia de que no estamos solos en el mundo y que las consecuencias de nuestros actos la pueden pagar personas inocentes. Hasta cuándo sucederá este tipo de cosas, qué más necesitan las personas para actuar con mayor prudencia.
Carabineros fiscalizan y sancionan, las autoridades hacen llamados y amenazas, las instituciones entregan volantes y consejos. Si vas a tomar, entrega las llaves; si vas a conducir, no bebas. Es que al parecer, el alcohol también inhibe la inteligencia de los humanos, no sólo sus capacidades motrices.
¿Cuántas madres más tendremos que ver destruidas para que todos tomemos conciencia de esto y actuemos con prudencia?
Anda, vuelve a ser inteligente: piensa en tu prójimo.
Pudores de Chile
“¿Y tú cuánto ganas?”. Cri – cri- cri. “Lo suficiente”.
“¿Qué haría usted si supiera que se va a morir mañana?”. “Es una pregunta muy difícil de responder”.
“¿Conoces a alguien que tenga sida?”. “Está penado por la ley revelar eso, incluso preguntarlo”.
“¿Y cómo fue que murió tu abuela?”. “Es un tema bastante delicado y familiar”.
“¿Por qué quedaste repitiendo?”. “Los profesores me tienen mala”.
Y así, suma y siguen los temas que a la mayoría de los chilenos les cuesta tocar por un inexplicable pudor heredado ya desde hace muchos años.
El más recurrente de todos, es el tema del dinero, es algo que importa, pero que nos duele, que toca nuestro sensible orgullo, especialmente en una región donde los sueldos suelen ser bajos. Resulta de mala educación y mal gusto preguntarle a una persona cuánto gana. Y nunca dan una respuesta concreta: “un poco más del mínimo”, “sueldo base más comisión”, “lo normal - lo suficiente - bastante bien”. Nos cuesta decir “180 lukitas líquidas” y quedarnos semidesnudos a los ojos del resto.
Otro tema que, de hecho, es bastante delicado y, por mucho que uno tenga sentimientos verdaderos, a veces da miedo preguntar, es todo lo relacionado con la muerte. Es que el sufrimiento en este tipo de casos le da como cierto derecho al deudo a reaccionar como quiere. Y en el resto de las personas nace un tipo de recato en el que les preocupa tocar una herida abierta
Qué decir de todo lo relacionado con el aspecto sexual: “¿Cómo lo pasaste anoche?”. “No seas desubicado (a) – un caballero no tiene memoria – oye, eso es algo íntimo”. Y efectivamente es algo bastante íntimo y el que se llevó la parada de carros, cuando algún curioso le haga una pregunta similar, dará la misma respuesta.
Entonces se amplía el terreno de la llamada intimidad, dentro de una burbuja que cada vez está siendo más fácil romper, pero que algunos siguen guardando con recelo.
“¿Por qué no publicas lo que escribes?”. “Porque se revelarían datos de mi vida personal que no quiero que se manoseen, sería como mostrar la planta del pie en público”. Qué literario.
14 enero 2009
Terminemos con las Obras Maestras
Terminemos con las Obras Maestras
¿Quién es?
¿De dónde vengo?
Soy Antonin Artaud
y que lo diga
como sé la declaración inmediatamente
verán mi cuerpo actual
volar en resplandores
y recogerse
bajo diez mil de aspectos notorios
un nuevo cuerpo
dónde no podrán
más nunca olvidarme.
“Que los poetas muertos dejen lugar a los otros” (El Teatro y la Cultura), es una de las tantas propuestas que Antonin Artaud, escritor, dramaturgo, actor y ensayista francés, hace acerca no sólo de la literatura, sino de todo lo relacionado con el arte y, especialmente, el teatro. Artaud rechaza las obras snob y elitistas, planteando que éstas deben llegar y ser entendidas por el vulgo.
Antonin Artaud es autor de una vasta obra que abarca la mayoría de los géneros literarios, utilizándolos como camino hacia un arte absoluto y total. Sin embargo es más conocido como el autor del Teatro de la Crueldad, noción que ha ejercido una gran influencia en la historia del teatro mundial.
En este aspecto, Artaud propone dejar de admirar las obras maestras sólo por una presión social-cultural-intelectual o su aspecto esteta, enfatizando que éstas sólo pertenecen a una clase elitista que poco sabe del arte real y más de apariencias artísticas.
“Debemos terminar con esa idea de las obras maestras reservadas a una supuesta elite, y que la multitud no comprende, y debemos decir que no hay para el espíritu barrios reservados como ocurre para las relaciones sexuales clandestinas” (Terminemos con las Obras Maestras, El Teatro de la Cultura).
“Las obras maestras del pasado son buenas para el pasado: no son buenas para nosotros. Nosotros tenemos derecho a decir lo que ya ha sido dicho y lo que no ha sido dicho de una manera que nos pertenece, una manera inmediata, directa, que responda a las maneras de sentir actuales, y que todo el mundo pueda comprender.
El idiota reprocha al vulgo acusándolo de no tener sentido de lo sublime, cuando lo sublime se confunde con una de sus manifestaciones formales, que por otro lado son manifestaciones muertas. Y si, por ejemplo, en la actualidad el vulgo no comprende Edipo Rey, me atrevería a decir que la culpa es de Edipo Rey, y no del vulgo.
… ese conformismo que nos hace confundir lo sublime, las ideas, las cosas con las formas que han tomado a través del tiempo y de nosotros mismos… en nuestra mentalidad de snob, de preciosistas, de estetas, y que el público ya no comprende”.
Claro, esto mismo se fundamente precisamente en el título de una de las obras más conocidas de Antonin Artaud, “El Teatro y su Doble”. ¿Cuál es el doble del teatro, según Artaud? El público mismo. Para este autor, no se debe colocar la obra de un lado y el público del otro, casi como entes antagónicos, sino hacer del público una extensión de la obra, de la vida misma, una parte activa de ésta que no se limite ni se cierre en ciertos grupos de entendidos. Un teatro democratizado, una cultura politizada, una literatura basada en la teoría del lector.
En contraposición a Shakespeare, Artaud rechaza rotundamente la inmiscusión de la psicología en el arte, acusándolo de contaminar la obra en sí, dejando que todo misterio sea revelado mediante esta ciencia, matando de a poco la esencia de la obra. “Me parece que el teatro, y nosotros mismos, debemos terminar con la psicología”, plantea Artaud.
Por otra parte, el escritor también quiere que se le dé importancia a todo lo que comunica dentro de la obra, que no es exactamente el lenguaje o el texto (de hecho Artaud quiere asesinar el texto porque dice que limita la vida misma), sino más bien a todo lo despojado del lenguaje fonético, que enuncia y comunica. A esto le llama “sombras”. Las sombras son para Artaud símbolos multisignificativos, que están insertos implícita e inevitablemente en una obra. “Tanto para el teatro como para la cultura, queda abierta la cuestión de nombrar y dirigir las sombras: y el teatro, que no se fija en el lenguaje ni en las formas, destruye por ese hecho las falsas sombras, pero prepara el camino para otro nacimiento de sombras en torno de las cuales se congrega el verdadero espectáculo de la vida. Destruir el lenguaje para tocar la vida es hacer o rehacer el teatro, y lo importante es no creer que ese acto debe seguir siendo sagrado, es decir, reservado. Lo importante es creer que cualquiera puede hacerlo, y que hace falta una preparación”.
Pese a esto, actualmente se sigue viendo la preferencia por las llamadas obras maestras del pasado, porque si son obras maestras quiere decir que trascienden en época, cultura y tendencias. Se llenan estantes y salas de colecciones con obras de antiguos creadores que pasan a la historia y que sólo pueden pertenecer a la clase elitista que Artaud tanto reprochaba, sin dejar espacio a los nuevos pintores, escritores, dramaturgos o pensadores. Habría que analizar si no es que el mismo Antonin Artaud, debido a la importancia de sus palabras, no se ha convertido también en un gusto snob de los delicados paladares intelectuales.
Citas de Artaud
Ø “Defender una cultura cuya existencia jamás ha salvado a un hombre de la preocupación de vivir mejor o de no tener hambre, no me parece tan urgente como extraer de la llamada cultura ideas de una fuerza viviente idéntica a la del hambre”.
Ø “Juzgamos a alguien civilizado según el modo en que se comporta, y piensa como se comporta; pero ya en la palabra civilización aparece la confusión: para todo el mundo, alguien civilizado y cultivado es un hombre modelado en base a sistemas, que piensa en sistemas, en formas, en signos, en representaciones. Es un monstruo que ha desarrollado hasta el absurdo esa facultad que tenemos de derivar pensamientos de nuestros actos, en vez de identificar nuestros actos con nuestros pensamientos”.
Ø “Los dioses que duermen en los museos: el dios del Fuego con su pebetero que recuerda al trípode de la Inquisición; Tlaloc, uno de los múltiples dioses del Agua, con su muralla de granito verde; la Diosa Madre de las Aguas; la Diosa Madre de las Flores; la expresión inmutable y que suena, bajo varias capas de agua, de la Diosa del vestido verde jade; la expresión arrobada y dichosa, el rostro crepitante de aromas, donde los átomos del sol rebotan, de la Diosa Madre de las Flores; esa especie de servidumbre obligada de un mundo donde la piedra se anima porque ha estado trabajada como se debe, el mundo de los civilizados orgánicos, quiero decir en el que los órganos vitales también salen de su reposo, ese mundo humano entre nosotros, que participa de la danza de los dioses, sin volverse ni mirar atrás, bajo la pena de convertirse, como nosotros mismos, en estériles estatuas de sal”.
Ø “Es duro cuando todo nos impulsa a dormir, mirando con ojos pegados y conscientes, a despertarnos y mirar como en sueños, con ojos que ya no saben para qué sirven, y cuya mirada está vuelta hacia adentro. Es sí que la idea extraña de una acción desinteresada se produce, pero esa acción, de todos modos, es más violenta e invita a la tentación del reposo”.
Una Definición: Teatro de la Crueldad
El Primer Manifiesto del Teatro de la Crueldad se publica en el año 1932 en la revista "Nouvelle Reveu Francaise". La dirección de la revista estaba a cargo del poeta Paul Valéry, el escritor André Gide y Jean Paulhan. Precisamente en una carta dirigida a este último Artaud especifica el concepto de Crueldad:
"Querido J. Paulhan:
La crueldad es sobre todo necesidad y rigor. La decisión implacable e irreversible de transformar al hombre en un ser lúcido. De esta lucidez nace el nuevo teatro. Todo nacimiento implica también una muerte. Para dar origen a mi "crueldad" será necesario cometer un asesinato. Hay que asesinar al padre de la ineficacia en el teatro: el poder de la palabra y del texto. El texto es el dios todopoderoso que no le permite al verdadero teatro nacer. Al atentar contra la palabra, atentamos contra nosotros mismos. Hasta ahora, es el lenguaje verbal aquello que nos permite comprender al mundo. Y lo comprendemos mal. Al asesinar al lenguaje verbal, estamos asesinando al padre de todas nuestras confusiones. Por fin seremos libres. Esto vale no sólo para el teatro. Seremos hombres libres en todo aspecto de nuestra vida.
Antonin Artaud"
“Teatro de la Crueldad quiere decir teatro difícil y cruel, en primer lugar para mí mismo”.
“No creo que podamos reavivar el estado de cosas en el que vivimos y no creo que valga la pena fijarse en ese estado, sino que propongo algo para salir del marasmo en vez de continuar gimiendo por ese marasmo y por el tedio, la inercia y la necedad de todos”. (El Teatro y su Doble).
¿Quién es?
¿De dónde vengo?
Soy Antonin Artaud
y que lo diga
como sé la declaración inmediatamente
verán mi cuerpo actual
volar en resplandores
y recogerse
bajo diez mil de aspectos notorios
un nuevo cuerpo
dónde no podrán
más nunca olvidarme.
“Que los poetas muertos dejen lugar a los otros” (El Teatro y la Cultura), es una de las tantas propuestas que Antonin Artaud, escritor, dramaturgo, actor y ensayista francés, hace acerca no sólo de la literatura, sino de todo lo relacionado con el arte y, especialmente, el teatro. Artaud rechaza las obras snob y elitistas, planteando que éstas deben llegar y ser entendidas por el vulgo.
Antonin Artaud es autor de una vasta obra que abarca la mayoría de los géneros literarios, utilizándolos como camino hacia un arte absoluto y total. Sin embargo es más conocido como el autor del Teatro de la Crueldad, noción que ha ejercido una gran influencia en la historia del teatro mundial.
En este aspecto, Artaud propone dejar de admirar las obras maestras sólo por una presión social-cultural-intelectual o su aspecto esteta, enfatizando que éstas sólo pertenecen a una clase elitista que poco sabe del arte real y más de apariencias artísticas.
“Debemos terminar con esa idea de las obras maestras reservadas a una supuesta elite, y que la multitud no comprende, y debemos decir que no hay para el espíritu barrios reservados como ocurre para las relaciones sexuales clandestinas” (Terminemos con las Obras Maestras, El Teatro de la Cultura).
“Las obras maestras del pasado son buenas para el pasado: no son buenas para nosotros. Nosotros tenemos derecho a decir lo que ya ha sido dicho y lo que no ha sido dicho de una manera que nos pertenece, una manera inmediata, directa, que responda a las maneras de sentir actuales, y que todo el mundo pueda comprender.
El idiota reprocha al vulgo acusándolo de no tener sentido de lo sublime, cuando lo sublime se confunde con una de sus manifestaciones formales, que por otro lado son manifestaciones muertas. Y si, por ejemplo, en la actualidad el vulgo no comprende Edipo Rey, me atrevería a decir que la culpa es de Edipo Rey, y no del vulgo.
… ese conformismo que nos hace confundir lo sublime, las ideas, las cosas con las formas que han tomado a través del tiempo y de nosotros mismos… en nuestra mentalidad de snob, de preciosistas, de estetas, y que el público ya no comprende”.
Claro, esto mismo se fundamente precisamente en el título de una de las obras más conocidas de Antonin Artaud, “El Teatro y su Doble”. ¿Cuál es el doble del teatro, según Artaud? El público mismo. Para este autor, no se debe colocar la obra de un lado y el público del otro, casi como entes antagónicos, sino hacer del público una extensión de la obra, de la vida misma, una parte activa de ésta que no se limite ni se cierre en ciertos grupos de entendidos. Un teatro democratizado, una cultura politizada, una literatura basada en la teoría del lector.
En contraposición a Shakespeare, Artaud rechaza rotundamente la inmiscusión de la psicología en el arte, acusándolo de contaminar la obra en sí, dejando que todo misterio sea revelado mediante esta ciencia, matando de a poco la esencia de la obra. “Me parece que el teatro, y nosotros mismos, debemos terminar con la psicología”, plantea Artaud.
Por otra parte, el escritor también quiere que se le dé importancia a todo lo que comunica dentro de la obra, que no es exactamente el lenguaje o el texto (de hecho Artaud quiere asesinar el texto porque dice que limita la vida misma), sino más bien a todo lo despojado del lenguaje fonético, que enuncia y comunica. A esto le llama “sombras”. Las sombras son para Artaud símbolos multisignificativos, que están insertos implícita e inevitablemente en una obra. “Tanto para el teatro como para la cultura, queda abierta la cuestión de nombrar y dirigir las sombras: y el teatro, que no se fija en el lenguaje ni en las formas, destruye por ese hecho las falsas sombras, pero prepara el camino para otro nacimiento de sombras en torno de las cuales se congrega el verdadero espectáculo de la vida. Destruir el lenguaje para tocar la vida es hacer o rehacer el teatro, y lo importante es no creer que ese acto debe seguir siendo sagrado, es decir, reservado. Lo importante es creer que cualquiera puede hacerlo, y que hace falta una preparación”.
Pese a esto, actualmente se sigue viendo la preferencia por las llamadas obras maestras del pasado, porque si son obras maestras quiere decir que trascienden en época, cultura y tendencias. Se llenan estantes y salas de colecciones con obras de antiguos creadores que pasan a la historia y que sólo pueden pertenecer a la clase elitista que Artaud tanto reprochaba, sin dejar espacio a los nuevos pintores, escritores, dramaturgos o pensadores. Habría que analizar si no es que el mismo Antonin Artaud, debido a la importancia de sus palabras, no se ha convertido también en un gusto snob de los delicados paladares intelectuales.
Citas de Artaud
Ø “Defender una cultura cuya existencia jamás ha salvado a un hombre de la preocupación de vivir mejor o de no tener hambre, no me parece tan urgente como extraer de la llamada cultura ideas de una fuerza viviente idéntica a la del hambre”.
Ø “Juzgamos a alguien civilizado según el modo en que se comporta, y piensa como se comporta; pero ya en la palabra civilización aparece la confusión: para todo el mundo, alguien civilizado y cultivado es un hombre modelado en base a sistemas, que piensa en sistemas, en formas, en signos, en representaciones. Es un monstruo que ha desarrollado hasta el absurdo esa facultad que tenemos de derivar pensamientos de nuestros actos, en vez de identificar nuestros actos con nuestros pensamientos”.
Ø “Los dioses que duermen en los museos: el dios del Fuego con su pebetero que recuerda al trípode de la Inquisición; Tlaloc, uno de los múltiples dioses del Agua, con su muralla de granito verde; la Diosa Madre de las Aguas; la Diosa Madre de las Flores; la expresión inmutable y que suena, bajo varias capas de agua, de la Diosa del vestido verde jade; la expresión arrobada y dichosa, el rostro crepitante de aromas, donde los átomos del sol rebotan, de la Diosa Madre de las Flores; esa especie de servidumbre obligada de un mundo donde la piedra se anima porque ha estado trabajada como se debe, el mundo de los civilizados orgánicos, quiero decir en el que los órganos vitales también salen de su reposo, ese mundo humano entre nosotros, que participa de la danza de los dioses, sin volverse ni mirar atrás, bajo la pena de convertirse, como nosotros mismos, en estériles estatuas de sal”.
Ø “Es duro cuando todo nos impulsa a dormir, mirando con ojos pegados y conscientes, a despertarnos y mirar como en sueños, con ojos que ya no saben para qué sirven, y cuya mirada está vuelta hacia adentro. Es sí que la idea extraña de una acción desinteresada se produce, pero esa acción, de todos modos, es más violenta e invita a la tentación del reposo”.
Una Definición: Teatro de la Crueldad
El Primer Manifiesto del Teatro de la Crueldad se publica en el año 1932 en la revista "Nouvelle Reveu Francaise". La dirección de la revista estaba a cargo del poeta Paul Valéry, el escritor André Gide y Jean Paulhan. Precisamente en una carta dirigida a este último Artaud especifica el concepto de Crueldad:
"Querido J. Paulhan:
La crueldad es sobre todo necesidad y rigor. La decisión implacable e irreversible de transformar al hombre en un ser lúcido. De esta lucidez nace el nuevo teatro. Todo nacimiento implica también una muerte. Para dar origen a mi "crueldad" será necesario cometer un asesinato. Hay que asesinar al padre de la ineficacia en el teatro: el poder de la palabra y del texto. El texto es el dios todopoderoso que no le permite al verdadero teatro nacer. Al atentar contra la palabra, atentamos contra nosotros mismos. Hasta ahora, es el lenguaje verbal aquello que nos permite comprender al mundo. Y lo comprendemos mal. Al asesinar al lenguaje verbal, estamos asesinando al padre de todas nuestras confusiones. Por fin seremos libres. Esto vale no sólo para el teatro. Seremos hombres libres en todo aspecto de nuestra vida.
Antonin Artaud"
“Teatro de la Crueldad quiere decir teatro difícil y cruel, en primer lugar para mí mismo”.
“No creo que podamos reavivar el estado de cosas en el que vivimos y no creo que valga la pena fijarse en ese estado, sino que propongo algo para salir del marasmo en vez de continuar gimiendo por ese marasmo y por el tedio, la inercia y la necedad de todos”. (El Teatro y su Doble).
31 diciembre 2008
Ándate a la mierda - Eso es lo que quiero
Suena el teléfono y lo miro con calor en la guata. Es el número que termina con 007, por ahí tiene un 4. Parece que también tiene un 6. Recuerdo la frase anterior "quién eres tú para decirme lo que debo hacer". Y todos los "quién eres?" anteriores. Lo miro con un poco de enojo y no lo toco. Hago crujir en mis dientes la galleta 'salvado de las aguas' (T.I). Suena el celu denuevo. El mismo número. También tiene un 9. No lo toco. Me muero de ganas, me muero de rabia, me muero y no lo sabrá. No devuelvo el pinchazo. Quizás luego lo haga y le diga 'sí, tengo plata'.
Prefiero fumarme un pall mall mentolado, que me marea pero es más barato.
"ha realizado varios intentos por subir esta entrada. Vaya atrás y vuelva a intentarlo. Si el problema persiste, consulte a no sé qué weá".
Como dijo el poeta "Atento al Lobo". Soy una caperusita (caperucita) que ya no lleva frutas en la cesta.
Prefiero fumarme un pall mall mentolado, que me marea pero es más barato.
"ha realizado varios intentos por subir esta entrada. Vaya atrás y vuelva a intentarlo. Si el problema persiste, consulte a no sé qué weá".
Como dijo el poeta "Atento al Lobo". Soy una caperusita (caperucita) que ya no lleva frutas en la cesta.
02 diciembre 2008
Diálogos casuales
En el bus
- ¿Viste la Teletón?
- Vi a Kramer.
- ¿No viste la historia de Paula?
- No.
- ¿Y cooperaste?
- Mmm … no.
- Ahh… ¿pero los años anteriores cooperabas?
- … No… … … (cri – cri)
- Bueno ¿y tú no tienes un hermano con down?
- Siii, es más rico que la cresta, salió elegido rey de su colegio.
En Tatoha
- ¿Tení un hijo?!?!
- Sí, weón
- ¿Erí casada?
- No, weón
- Ah, ¿estai pololeando?
- No, weón
- ¿Estai soltera?!?!
- Algo así, weón
En 'La Aguja'
1) - Me recuerda al libro Corazón.
2) - Si po’, si menciona a Ámicis.
1) - Mmm… ¿cómo es? ¿Edmundo de Ámicis o Edmundo de Amicis?
3) - Edmundo de Amicci (Amichi)
1) - ¡Cacha!
En la casa
1) - Nene ¿cómo se llaman los obreros de las minas?
2) - Mineros, po'
3) - Por dios, Masielita...
4) - ¿Ves Andrea? Eres tan mensa que hasta el papá te confunde conmigo.
En Balma
- Eres lo más lindo que he visto en la noche
- Ándate a la cresta...
En Tuareg
- Oye, sabí que tengo que ir al baño ¿me esperai?
- No te urjai, yo también he echado esa chiva.
Ahora recién
- ¿Qué estai haciendo, mona, no deberiai estar estudiando???
- Sí, es que estoy escribiendo en el blog pa distraerme.
- En este rato podrías estar durmiendo y aprovechando de desansar
- Yo duermo y descanso acá...
21 noviembre 2008
Ese defecto que va desapareciendo con los años
La droga
La más inofensiva,
la más sana,
la que nunca produjo salpullido a nadie;
la que hasta ahora que yo sepa
a nadie le ha pasmado la alegría;
la pájara,
la pajarita
que nos hizo volar sin ser aviones;
la que a mansalva nos hizo sudar miel,
quedar absortos
hasta sacar en conclusión
que el mundo lo teníamos cogido
como a una lagartija por el rabo.
Ese licor,
o si usted lo prefiere
esa licora
que nos hizo espumear sin ser cerveza,
que nos hizo calor en pleno frío.
La rica,
la pura gozadera
que no daba adicción
ni efecto de rebote
ni sueño dependencia
y así todo al respecto.
La bizca,
la bizcacha,
la tuerta,
la tuertacha
que nos hacía ver todo bonito y de colores
Esa descabellada primavera,
ese frescor sin nombre,
ese aroma sin cara,
esa borracha borrachera
que nos exacerbaba el apetito
para que devoráramos las fechas y las calles.
Esa droga, ese placebo
que no era cocaína,
ni peyote, ni crak, ni L.S.D. ni marihuana;
esa droga que en nada coincidía con un ave
y sin embargo era más ave
que las aves.
Esa destartalada,
esa chúcara fruta
que nos hacía sufrir delirios de grandeza,
alucinaciones, vahídos
y sin embargo teníamos
Más salud que los toros.
Esa recontramuerta,
esa enterrada viva droga de la juventud.
29 octubre 2008
Desconfianza
Ya no creo en las verdades de los hombres, ni en sus veredas ni en sus desvíos. Cada verdad es más cruel que la mentira y la mentira, paulatinamente, se convierte en una patética verdad, de esas que gozan con tener el sello de lo creativo más explícito que implícito, mentiras que se jactan de su don y sus efectos, de su retórica melodiosa, de su valor innegable.
Por eso ya no creo en las miradas escondidas ni en las palabras al viento, ya no creo en el efecto del alcohol y en lo que se dice sin querer, en lo que se dice y no se quiere, en lo que se quiere y no se dice, en lo que se quiere decir. Ya no creo en las vueltas y vueltas, ni del destino ni de la vida ni de tu vida ni de tu charla.
Ya no creo en la seriedad de los hombres ni en que quieren fingir sonrisas. Todos sonríen, todos se ríen. Y son sinceros y eso les da vergüenza. Y no creo en la gente diferente que goza con ser vanguardista y rompe-esquemas, y no creo en sus afanes de tristezas y pobrezas y misterios. Y no creo en sus creencias ni en sus filosofías.
Ya no creo, créanme, en el misterio de la gente misteriosa. Había una casita verde-pardo, verde-invierno, medio negra, oscura la casa, fea, descuidada, una casa que atraía miradas de gente que buscaba felicidad disfrazada de tristeza, pero una lluvia cálida y veraniega se llevó el color y sólo dejó una casita blanca, con cercos blancos, con césped verde-floreado y hasta con niños alegres corriendo alrededor. Ya no creo en las casas.
Tampoco creo mucho en los pasos silenciosos con sus huellas amarillas. En los pasos tergiversados, como éste, que causan asombro, que causan espanto. Que silban silenciosamente un bolero olvidado por su autor.
Ya no disfruto como antes hablando con gente estúpida, ya no disfruto estar frente a una película mala, no me hacen feliz las canciones desafinadas ni llego al éxtasis confuso cuando estoy frente a un libro con faltas ortográficas. Y la rarefacción me causa cosquilla, pero no risa ni llanto, nada fuera de mí, todo hacia dentro.
Ya no creo que el murmullo del otoño parisino le dicte la gloria a mis dedos, ni en las casas de ladrillo de mi Londres soñado, ya no creo que se derrumben los cerros de Valparaíso. Ya no creo en las casas ni en los cerros.
Ya no creo en Baudelaire ni Badulaque, ni en Novalis ni en Novelas.
Ya no creo en la incredulidad de los hombres, ni en las muletas de sus inseguridades; no creo en las mentiras piadosas ni en mecanismos de defensas; no creo en dolores que no duelen ni creo que todo esto te parezca mentira.
Por eso ya no creo en las miradas escondidas ni en las palabras al viento, ya no creo en el efecto del alcohol y en lo que se dice sin querer, en lo que se dice y no se quiere, en lo que se quiere y no se dice, en lo que se quiere decir. Ya no creo en las vueltas y vueltas, ni del destino ni de la vida ni de tu vida ni de tu charla.
Ya no creo en la seriedad de los hombres ni en que quieren fingir sonrisas. Todos sonríen, todos se ríen. Y son sinceros y eso les da vergüenza. Y no creo en la gente diferente que goza con ser vanguardista y rompe-esquemas, y no creo en sus afanes de tristezas y pobrezas y misterios. Y no creo en sus creencias ni en sus filosofías.
Ya no creo, créanme, en el misterio de la gente misteriosa. Había una casita verde-pardo, verde-invierno, medio negra, oscura la casa, fea, descuidada, una casa que atraía miradas de gente que buscaba felicidad disfrazada de tristeza, pero una lluvia cálida y veraniega se llevó el color y sólo dejó una casita blanca, con cercos blancos, con césped verde-floreado y hasta con niños alegres corriendo alrededor. Ya no creo en las casas.
Tampoco creo mucho en los pasos silenciosos con sus huellas amarillas. En los pasos tergiversados, como éste, que causan asombro, que causan espanto. Que silban silenciosamente un bolero olvidado por su autor.
Ya no disfruto como antes hablando con gente estúpida, ya no disfruto estar frente a una película mala, no me hacen feliz las canciones desafinadas ni llego al éxtasis confuso cuando estoy frente a un libro con faltas ortográficas. Y la rarefacción me causa cosquilla, pero no risa ni llanto, nada fuera de mí, todo hacia dentro.
Ya no creo que el murmullo del otoño parisino le dicte la gloria a mis dedos, ni en las casas de ladrillo de mi Londres soñado, ya no creo que se derrumben los cerros de Valparaíso. Ya no creo en las casas ni en los cerros.
Ya no creo en Baudelaire ni Badulaque, ni en Novalis ni en Novelas.
Ya no creo en la incredulidad de los hombres, ni en las muletas de sus inseguridades; no creo en las mentiras piadosas ni en mecanismos de defensas; no creo en dolores que no duelen ni creo que todo esto te parezca mentira.
01 septiembre 2008
Citas Incitantes
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Es como si caminara delante de sus propios pasos, aunque quizás no hacía más que huir de ellos…
Ahora no estoy seguro de que los relatos se originen en cosas de la vida; es más bien a revés: la vida s forma a medida de ellos…
A medida que pasa el tiempo empezamos a ver la infancia como un paraíso perdido y la juventud como el tiempo en que no supimos hacer lo que soñábamos; después es demasiado tarde y a cualquier tontería le llamamos experiencia…
(Osvaldo Soriano, “La hora sn sombra”)
Yo creo que todos se percataron de este cariño inmenso que se dejaba notar así, despacio, como se expresa el verdadero cariño de los hombres, que a veces no precisa de mayores palabras, y basta con llenar el vaso sin derramar el vino.
(“El último faquir”, Luis Sepúlveda)
Mascando la idea imbatible y equívoca de que ante podría haber sido muy pronto y después quizás hubiera sido nunca.
… O tal vez los grandes amores fueron grandes sólo porque no pudieron concluir.
(“El verano del murciélago”, Poli Délano)
Son mañosas las palabras, y rebeldes, y huidizas.
(Rosa Montero, “La loca de la casa”)
Una novela es la vida secreta de un escritor, el oscuro hermano gemelo de un hombre.
(Faulkner)
Un novelista es un hombre que oye voces, lo cual lo asemeja a un demente.
(Sergio Ritol)
Un escritor es un ser que no llega jamás a hacerse adulto.
(Martín Amis, “Experiencias”)
Del dolor de perder nace la obra.
(Philipp Bernot)
Es como si caminara delante de sus propios pasos, aunque quizás no hacía más que huir de ellos…
Ahora no estoy seguro de que los relatos se originen en cosas de la vida; es más bien a revés: la vida s forma a medida de ellos…
A medida que pasa el tiempo empezamos a ver la infancia como un paraíso perdido y la juventud como el tiempo en que no supimos hacer lo que soñábamos; después es demasiado tarde y a cualquier tontería le llamamos experiencia…
(Osvaldo Soriano, “La hora sn sombra”)
Yo creo que todos se percataron de este cariño inmenso que se dejaba notar así, despacio, como se expresa el verdadero cariño de los hombres, que a veces no precisa de mayores palabras, y basta con llenar el vaso sin derramar el vino.
(“El último faquir”, Luis Sepúlveda)
Mascando la idea imbatible y equívoca de que ante podría haber sido muy pronto y después quizás hubiera sido nunca.
… O tal vez los grandes amores fueron grandes sólo porque no pudieron concluir.
(“El verano del murciélago”, Poli Délano)
Son mañosas las palabras, y rebeldes, y huidizas.
(Rosa Montero, “La loca de la casa”)
Una novela es la vida secreta de un escritor, el oscuro hermano gemelo de un hombre.
(Faulkner)
Un novelista es un hombre que oye voces, lo cual lo asemeja a un demente.
(Sergio Ritol)
Un escritor es un ser que no llega jamás a hacerse adulto.
(Martín Amis, “Experiencias”)
Del dolor de perder nace la obra.
(Philipp Bernot)
13 mayo 2008
Yo moría a cada rato
En mis remembranzas de 2006 no podía dejar atrás esta cosa escrita en algún momento. Ese seguramente fue el año de las letras desparramadas, basadas en experiencias, pasadas por mi cabeza (o por cedazo) y olvidadas en una página de word con un nombre X. En ese tiempo cuando Job aún vivía, mi madre aún estaba ciega, la Mary ni siquiera era tan amiga mía, el Grandón me decía 'Paloma' y no 'tienes que ayudarme'... y yo moría a cada rato.
----------------------------------
No estaba tan segura de que iba a salir ilesa de ese recorrido y precisamente esa incertidumbre era la que me hacía sentir viva, confirmar que yo sí existía (no sólo a veces ni a ratos)… para mí y los demás.
Como dijo Rosa Montero: “llega un momento en que todo viaje se transforma en una pesadilla”. No estoy de acuerdo con eso, pero éste sí lo fue, no una pesadilla con precisión, tal vez sólo se trató de una mala alucinación.
Fines de marzo, noche en una ciudad chica que nunca estuvo exenta de delincuenceia. Esa manía que a veces se volvía agradable de quedarse hasta tarde en el diario, de las últimas, adelantando trabajo y tomando café cargado. Luego salir a la calle desierta sin mucho frío, escuchar uno que otro paso acelerado a cualquier distancia, pero sin ver a sus autores, y luego sentir el eco de mis propios pasos y respiración. El silencio de la noche, la soledad de las calles, la puntada en la espalda. Yo huelo miedo, lo siento tal vez por primera vez.
No sé si me atacaban por la espalda o daban la cara, pero la intención claramente era matarme. Tampoco sé si me acuchillaban o disparaban, si me violarían previamente y descuartizarían más tarde. Tampoco estaba claro el motivo: un asalto a mano armada, una simple maldad o una persecución. La última era mi favorita, era emocionante y me hacía más interesante.
Eso tuvo muy poca relevancia, porque pasaba y porque el fin fue el mismo: yo desangrada y muerta en pleno centro de Linares.
Mi novio estaba destrozado, sentado en el suelo, al lado de su cama y llorando sin control. O tal vez no lloraba, pero su mal estado era evidente. Estaba viviendo un buen momento conmigo, nos amábamos y estábamos pasando por esa etapa en que se quiere gritar a los cuatro vientos el amor que se siente por la persona con la que está… o que se está con la persona que ama. Se lamentaba por no haber tenido su celular prendido cuando lo llamé minutos antes de mi muerte, como si eso hubiese podido cambias las cosas. Yo quise consolarlo y no pude. Traté de abrazarlo fuerte, besarlo y darle un mensaje de esos que dicen que dan los del más allá (ten paz). Nada hubiese sido suficiente, por un momento me coloqué en su lugar y lo supe. Traté de decirle que lo amaba, que para mí tampoco era fácil separarme de él y no me oía. Por la cresta… nunca me había sentido tan culpable y miserable en mi vida como me sentí en mi muerte. Tal vez estando viva jamás le hubiese causado semejante daño.
Al pasar por mi casa y adentrarme en el ambiente que había en mi familia huí de inmediato. Fui cobarde, lo sé, pero no quería presenciar ese ambiente de impotencia y oscuridad, no quise ver la destrucción de mi madre, la desesperación de mi padre, la desolación de mis hermanos, la confusión de Joel.
A la mañana siguiente faltaban pocos minutos para las 10 y yo no llegaba al trabajo. Nadie se preocupó demasiado, no era la primera vez que me atrasaba después de irme tarde. Mi jefe recibió el llamado de Juan Carlos, ex compañero de trabajo, que con voz estrangulada le preguntó cómo estaba. Él, como siempre, se alentó con un lamento diciendo “aquí, tirando pa’ riba”, agregando de inmediato quejas sobre mi tardanza y otras deficiencias de “los chiquillos”. Juan Carlos guardó silencio hasta que le preguntó el motivo de su llamada y luego no tuvo piedad en decirle, aún con la voz estrangulada, que me habían matado la noche anterior y que había sido de una manera muy cruel.
La reacción del dueño del diario fue de asombro, tristeza y hasta de un poco de dolor. Minutos más tarde estaba en el departamento de prensa dándole la noticia a mis compañeros que, como siempre, eran los últimos en enterarse de los sucesos policiales… voz quebrada… silencio… el trabajo paralizado.
La prensa de la ciudad tenía noticia fresca y de gran conmoción pública: asesinada brutalmente en pleno centro. No se da todos los días. Pero por la menos la Pati, amiga mía y ahora periodista de TV, no tenía ningún ánimo de cubrir la noticia, sólo quería arrinconarse y llorar a su ‘pajaruchi’, sin que nadie la molestara ni tratara torpemente de consolarla.
Ya de día, en el centro de la ciudad los rostros eran pálidos y asustadizos, se comentaba en voz baja el sangriento homicidio y alguien ya había inventado que se trataba de un asesino en serie, otro había dicho que fue un crimen pasional y todos temían por sus vidas. Y todos sentían un poco de pena, un poco de morbo, ganas de involucrarse y de haberme conocido.
En el funeral leyeron algunos de mis poemas -no se me ocurre quién-, la Mary cantó ‘cucurrucucú paloma’, el Grandón cantó ‘paloma quiero contarte’, Monsalve por primera vez dijo un sinfín de cosas buenas mías, Job habló en representación de la familia. Al echarme la tierra encima soltaron globos blancos, cantaron una canción evangélica, algunos lloraban, los más cercanos estaban un poco en shock, mi madre se desmayó. Nadie lloró más que yo.
Secándome las lágrimas entré a la casa donde arrendaba y llamé a la mía para avisar que estaba bien, para preguntar por Joel, para escuchar la voz tranquila de mi madre a pesar de su ceguera. Todo bien por allá, nadie supo de mi muerte. Y me acosté con una ligera sensación de alivio y otra de pena, y antes de disponerme a dormir, no pude evitar una corta carcajada.
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No estaba tan segura de que iba a salir ilesa de ese recorrido y precisamente esa incertidumbre era la que me hacía sentir viva, confirmar que yo sí existía (no sólo a veces ni a ratos)… para mí y los demás.
Como dijo Rosa Montero: “llega un momento en que todo viaje se transforma en una pesadilla”. No estoy de acuerdo con eso, pero éste sí lo fue, no una pesadilla con precisión, tal vez sólo se trató de una mala alucinación.
Fines de marzo, noche en una ciudad chica que nunca estuvo exenta de delincuenceia. Esa manía que a veces se volvía agradable de quedarse hasta tarde en el diario, de las últimas, adelantando trabajo y tomando café cargado. Luego salir a la calle desierta sin mucho frío, escuchar uno que otro paso acelerado a cualquier distancia, pero sin ver a sus autores, y luego sentir el eco de mis propios pasos y respiración. El silencio de la noche, la soledad de las calles, la puntada en la espalda. Yo huelo miedo, lo siento tal vez por primera vez.
No sé si me atacaban por la espalda o daban la cara, pero la intención claramente era matarme. Tampoco sé si me acuchillaban o disparaban, si me violarían previamente y descuartizarían más tarde. Tampoco estaba claro el motivo: un asalto a mano armada, una simple maldad o una persecución. La última era mi favorita, era emocionante y me hacía más interesante.
Eso tuvo muy poca relevancia, porque pasaba y porque el fin fue el mismo: yo desangrada y muerta en pleno centro de Linares.
Mi novio estaba destrozado, sentado en el suelo, al lado de su cama y llorando sin control. O tal vez no lloraba, pero su mal estado era evidente. Estaba viviendo un buen momento conmigo, nos amábamos y estábamos pasando por esa etapa en que se quiere gritar a los cuatro vientos el amor que se siente por la persona con la que está… o que se está con la persona que ama. Se lamentaba por no haber tenido su celular prendido cuando lo llamé minutos antes de mi muerte, como si eso hubiese podido cambias las cosas. Yo quise consolarlo y no pude. Traté de abrazarlo fuerte, besarlo y darle un mensaje de esos que dicen que dan los del más allá (ten paz). Nada hubiese sido suficiente, por un momento me coloqué en su lugar y lo supe. Traté de decirle que lo amaba, que para mí tampoco era fácil separarme de él y no me oía. Por la cresta… nunca me había sentido tan culpable y miserable en mi vida como me sentí en mi muerte. Tal vez estando viva jamás le hubiese causado semejante daño.
Al pasar por mi casa y adentrarme en el ambiente que había en mi familia huí de inmediato. Fui cobarde, lo sé, pero no quería presenciar ese ambiente de impotencia y oscuridad, no quise ver la destrucción de mi madre, la desesperación de mi padre, la desolación de mis hermanos, la confusión de Joel.
A la mañana siguiente faltaban pocos minutos para las 10 y yo no llegaba al trabajo. Nadie se preocupó demasiado, no era la primera vez que me atrasaba después de irme tarde. Mi jefe recibió el llamado de Juan Carlos, ex compañero de trabajo, que con voz estrangulada le preguntó cómo estaba. Él, como siempre, se alentó con un lamento diciendo “aquí, tirando pa’ riba”, agregando de inmediato quejas sobre mi tardanza y otras deficiencias de “los chiquillos”. Juan Carlos guardó silencio hasta que le preguntó el motivo de su llamada y luego no tuvo piedad en decirle, aún con la voz estrangulada, que me habían matado la noche anterior y que había sido de una manera muy cruel.
La reacción del dueño del diario fue de asombro, tristeza y hasta de un poco de dolor. Minutos más tarde estaba en el departamento de prensa dándole la noticia a mis compañeros que, como siempre, eran los últimos en enterarse de los sucesos policiales… voz quebrada… silencio… el trabajo paralizado.
La prensa de la ciudad tenía noticia fresca y de gran conmoción pública: asesinada brutalmente en pleno centro. No se da todos los días. Pero por la menos la Pati, amiga mía y ahora periodista de TV, no tenía ningún ánimo de cubrir la noticia, sólo quería arrinconarse y llorar a su ‘pajaruchi’, sin que nadie la molestara ni tratara torpemente de consolarla.
Ya de día, en el centro de la ciudad los rostros eran pálidos y asustadizos, se comentaba en voz baja el sangriento homicidio y alguien ya había inventado que se trataba de un asesino en serie, otro había dicho que fue un crimen pasional y todos temían por sus vidas. Y todos sentían un poco de pena, un poco de morbo, ganas de involucrarse y de haberme conocido.
En el funeral leyeron algunos de mis poemas -no se me ocurre quién-, la Mary cantó ‘cucurrucucú paloma’, el Grandón cantó ‘paloma quiero contarte’, Monsalve por primera vez dijo un sinfín de cosas buenas mías, Job habló en representación de la familia. Al echarme la tierra encima soltaron globos blancos, cantaron una canción evangélica, algunos lloraban, los más cercanos estaban un poco en shock, mi madre se desmayó. Nadie lloró más que yo.
Secándome las lágrimas entré a la casa donde arrendaba y llamé a la mía para avisar que estaba bien, para preguntar por Joel, para escuchar la voz tranquila de mi madre a pesar de su ceguera. Todo bien por allá, nadie supo de mi muerte. Y me acosté con una ligera sensación de alivio y otra de pena, y antes de disponerme a dormir, no pude evitar una corta carcajada.
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